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México, D F (apro)-Hace diecinueve años se concibió la idea de trasplantar a México el sistema de formación de orquestas juveniles e infantiles que Venezuela había emprendido con gran éxito

Muchos de los niños y jóvenes que hoy integran las orquestas mexicanas ni siquiera habían nacido cuando el desaparecido director orquestal Eduardo Mata, entusiasmado por la idea, escribió una carta al entonces secretario de Educación Pública Miguel González Avelar

Los primeros frutos de este programa, que a lo largo de su historia ha debido superar diversos avatares, están rindiendo, asegura Sergio Ramírez Cárdenas, director del ahora llamado Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM), al señalar que en las orquestas profesionales del país hay ya egresados de este proyecto

Sin embargo, no ha perdido su esencia que no es la formación de músicos profesionales sino de individuos Así lo expresó en abril de 1988 el director Fernando Lozano, coordinador del entonces llamado Programa de Orquestas y Coros Juveniles de México (OCJM), en una entrevista con el semanario Proceso: “La idea es formar muchachos sanos, no músicos; no tiene nada que ver con la enseñanza profesional de la música”

Fernando Lozano tiene una carrera larga y consolidada, ha participado con numerosas orquestas de renombre en México como la Orquesta Sinfónica de Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes, la Orquesta Sinfónica de Xalapa y la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México así como el Festival de Música y Danza de Monterrey.

El director también ha dedicado su tiempo a rescatar jóvenes de los barrios problemáticos del estado de Veracruz, para enseñarles a interpretar un instrumento y unirlos a una orquesta con lo cual, según dijo, ocuparán su tiempo con provecho y evitarán las drogas y la delincuencia.

Cambio en la sociología

El programa nació en Venezuela por iniciativa de quien era entonces su ministro de Cultura, el economista, compositor y director de Orquesta José Antonio Abreú

Eduardo Mata lo conoció a finales de la década de los años ochenta, al dirigir como huésped a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar integrada en su totalidad por jóvenes músicos venezolanos

Al volver a México, Mata emocionado contó a Manuel de la Cera, que entonces se desempeñaba como director de Promoción Cultural del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), y a Fernando Lozano, que había dirigido la mejor orquesta de Latinoamérica El director estaba convencido de que el proyecto musical había “cambiado la sociología de Venezuela”

Lozano y De la Cera narraron a la desaparecida revista “Memoria de Papel”:
“Hicimos contacto y viajamos a Venezuela, y lo que vimos y escuchamos, en efecto, nos conmocionó En primer lugar por tratarse de avances tan espectaculares en un país latinoamericano con problemas similares a los que tenemos en México, además de que Carlos Chávez ayudó en sus inicios al movimiento, por lo que pensamos que podría intentarse en nuestro país”

Así surgió Orquestas y Coros Juveniles de México (OCJM), impulsado en sus inicios por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el entonces Departamento del Distrito Federal (DDF) y los gobiernos de los Estados Sus oficinas centrales se ubicaban en terrenos del Bosque de Chapultepec, pertenecientes al DDF Era apoyada también por la Orquesta Juvenil Mexicana creada en 1987 por el mismo Lozano

En 1996 Lozano dejó de dirigir el programa que fue asumido por el también director de orquesta Eduardo Diazmuñoz, quien posteriormente fue removido del cargo acusado de nepotismo Entonces lo sustituyó Fernando García Torres y cambió su sede a las oficinas centrales de Conaculta, en el Centro Histórico

Tras un litigio que se ventiló en los medios, el programa cambió su nombre por el de Programa Nacional de Fomento Musical y sigue operando bajo la coordinación de Conaculta con apoyo de los gobiernos estatales y municipales

Programa social

En entrevista con esta agencia, Ramírez Cárdenas reiteró que el propósito central del programa no es la enseñanza profesional, aunque sí ha formado músicos: “Obviamente sí es un semillero de músicos profesionales que las orquestas juveniles están dando ya a la música profesional, muchos jóvenes entran a las orquestas sin saber qué quieren hacer y poco a poco se van enamorando del oficio, de la profesión y terminan siendo músicos profesionales”

Lo más importante en su opinión es, sin embargo, sus aportaciones fuera del ámbito musical: “La parte social: estamos impulsando proyectos donde cualquier niño puede ingresar a estas orquestas sin que quiera ser músico profesional Tenemos la certeza de que la música debe ser parte de la formación integral e individual de un ser humano y como tal se admite en estos proyectos a un conglomerado de niños y jóvenes, de dónde vengan”

Demuestran así, subrayó el director, que cuando los niños y jóvenes tienen un objetivo en la vida, pueden lograrlo con disciplina, orden y constancia:
“Estos niños y jóvenes que tocan en foros tan importantes como el Palacio de Bellas Artes, seguramente van a ser unos grandes profesionistas sea lo que sea que hagan, porque saben cómo lograr objetivos de alta envergadura, objetivos de excelencia en su vida y esto es parte de la formación fundamental que necesitamos en este país”