El subdirector de limpia pública del ayuntamiento xalapeño debiera demandar a quienes lo detuvieron y encarcelaron por dos días sin causa alguna, si es que resulta cierta su versión de no haber agredido a un elemento de tránsito; tal sería lo conducente en un estado de derecho porque “fue un mal entendido, a mí me detuvieron en Chedraui Caram, el transito se comportó prepotente, hizo lo que quiso, mandó traer a la policía, dijo que le pegue (…) cuando vi ya tenía 50 policías y me apañaron, me subieron, me ataron”. Jura y perjura que no golpeó al agente de tránsito, a quien calificó de prepotente. Es preocupante por donde se le mire, porque si agredió debió ser consignado conforme a la ley, y si su versión es la verdadera el hecho configura un abuso de autoridad que tipifica un delito.