Por Sabino Cruz V.

¡Oiga! Se acuerda de esa famosa frase “¡Oh! Y ahora quién podrá defenderme (nos)”, que una persona desvalida, abandonada, utilizaba como último recurso para salir de una situación que pone en riesgo su integridad física, moral y/o psicológica. E inmediatamente saltaba un personaje portando un peculiar vestuario de color rojo, con un corazón en el pecho y la letra Ch, diciendo “Yo, el Chapulín Colorado (…) ¡síganme! los buenos”.

Seguramente usted como millones de [email protected], [email protected], caribeñ@s y [email protected] que [email protected] [email protected], en sus primeros años de vida consciente, todas las noches, junto a su familia o amigos, por media hora vio, no sólo al Chapulín Colorado tomar sus pastillas de “chiquitolina” o dominar a los maleantes con su “chipote chillón”, sino también a todos los personajes de la vecindad donde vivía “El chavo del ocho”, Los Caquitos, el Doctor Chapatín y Los Chifladitos.

De igual manera usted y todos los millones de seguidores lamentamos/sentimos la muerte del creador de estos personajes, don Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” (o sea el Shakespeare de los mexicas), emergiendo en el acto los recuerdo de una época en que la convivencia familiar/vecinal iba de la mano; en donde tranquilamente se podía estar, pasada la media noche, en la equina con “los cuates”, recordando alguna aventura o planeando la próxima; en donde el presente/futuro estaba en frente a nuestra nariz; pero principalmente, en donde aún la confianza/honorabilidad en los gobernantes no era motivo de escrutinio.

Mire usted, si bien el Chapulín Colorado o cualquier otro héroe, surgido de la imaginaria necesidad de la especie humana, no resuelven los problemas de credibilidad, honorabilidad y coherencia que desde hace ya varios años, cual hiedra venenosa ha invadido la clase política de nuestro sufrido país, sus instituciones y/u organizaciones empresariales, religiosas, de partido, etcétera, si al menos, por algunos minutos, enajenan nuestros sentidos.

Don Roberto se une a la lista de hombres/mujeres que han adelantado su encuentro “con el padre”: Gabriel García Márquez, Juan Gelman, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Mateo Oliva, Guillermo Arriaga Fernández, Rubén Bonifaz Nuño, Pedro Ramírez Vázquez, José María Pérez Gay, Guillermina Bravo, Germán Dehesa, Manuel Carballo, Carlos Monsiváis, Federico Campbell, Miguel Capistrán, y recientemente Vicente Leñero. Cada uno desde su etos creativo tejió historias para hacer más llevadera nuestro paso por este mundo; pero también, levantaron la voz para denunciar las atrocidades/estulticias cometidas por alguna autoridad federal/estatal/municipal, o mejor aún, exigir el retorno de la gobernanza a nuestro país.

Dice el saber popular que cuando muere un anciano es como si se quemara una biblioteca; mas si este anciano es un hombre que ha hecho de la palabra oral/escrita un misil contra la injusticia, la explotación, la corrupción del hombre público, una buena parte del patrimonio intangible se pierde con él.

¡Y entonces! Ahora quién nos defenderá de las continuas aberraciones de los gobernantes: cómo elevar las cifras de visitantes a una justa deportiva o las cantidades estratosféricas que declaran ingresaron a las cajas registradores de los prestadores de servicios o arcas municipales; quién nos protegerá de la rampante inseguridad, la delincuencia organizada, la opacidad en el manejo de las finanzas públicas, la prostitución del hacer político; quién nos salvará del nepotismo, favoritismo, compadrazgo y demás ralea de servidores públicos, sin escrúpulos ni “llenadera”, en la nómina de alguno de los tres niveles de gobierno.

Por favor si usted sabe de algún héroe anónimo que ande por ahí, cuídelo como la joya más preciada de su menaje; y si este héroe es un escritor, pintor, director de teatro, actor, músico, bailarín, compositor, coreógrafo, poeta denúncielo a alguna autoridad para que le abra proceso y así se enteré que en la tierra donde gobierna hay un personaje que está construyendo signos de identidad.

Comentario Breve

El pasado martes de la semana que corre, la maestra Guadalupe Mora, me comentó sobre el estado tan lamentable en que encontró el acervo del Museo Casa de Xalapa, principalmente algunas piezas que donó al museo: invitación a la inauguración del Estadio Heriberto Jara Corona, panfleto del gobernador Eduardo M. Caúz con motivo de la Primer Guerra Mundial. Pero lo que más le causó dolor, con un dejo de rabia, es la actitud del personal encargado del Museo, pues desde hace más de un mes esta dependencia municipal no cuenta con director.