Desde el purismo teórico un diputado tiene como principal función formular y aprobar leyes; con el tiempo y la práctica política se les adjudicó actividades de gestión pública en beneficio de los representados. Pero el descrédito de un diputado empieza cuando el Poder al que pertenecen abdica de su función de legislar en favor del Poder Ejecutivo, que realmente orienta la actividad legislativa dejando a los diputados la comisión de votar, es decir levantar el dedo. Queda la acción de gestionar, atrayendo beneficios a las colectividades que le dieron el voto para acceder a esa función, por eso provoca extrañeza que ninguno de los legisladores de los distritos de Cosoleacaque, Minatitlán y Coatzacoalcos participe en las negociaciones entre el gobierno y los ejidatarios de Tatahuicapan; ya para convencer a uno u otro lado de las partes negociadoras, ya aportando soluciones, razones, argumentos, propuestas, etcétera, pero, que se sepa, ninguno de ellos fue tomado en cuenta por el gobierno ni ofreció sus servicios de mediación a los ejidatarios. Entonces, ¿para qué sirve un diputado?