La propuesta priista de la bancada priista en el Congreso General de poner al presidente de la república y a los gobernadores de los estados al frente del Sistema Nacional Anticorrupción es, por decir lo menos, descabellada y tonta cuando de lo que se pretende es crear un órgano con la autonomía suficiente, libre de compromisos políticos para combatir la corrupción que en México carcome todos los niveles de gobierno. La lucha contra la corrupción es una de las promesas de campaña de Peña Nieto todavía no solventadas, pero se atraviesan fuertes intereses para crear un órgano que vaya a actuar contra los corruptos en los tres niveles de gobierno. Salvo mejor opinión, sería más de lo mismo si el presidente y los gobernadores presidieran el Sistema Anticorrupción.