Denise Dresser escribe en Reforma un artículo cuyo contenido encaja como traje a la medida en muchas entidades federativas, aunque ella lo refiere al gobierno federal: “que coman pastel”, dijo alguna vez una reina francesa al enterarse de la hambruna que padecían los campesinos de su país. Desde entonces la frase se usa para criticar a gobiernos insensibles, frívolos, alejados de la población a la cual ignoran. Como Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera. Como Luis Videgaray. Como Aurelio Nuño. Como tantos miembros de una administración que no entiende la dimensión de la crisis que enfrenta ni cómo superarla. Un equipo enconchado que no sabe reconocer sus errores ni corregir el rumbo. Una camarilla contenta consigo misma que intenta minimizar lo que ocurre en México diciendo que los ciudadanos han vivido “claroscuros” y están “enojados”, pero ya se les pasará. Mientras sepulta el Sistema Nacional Anti-Corrupción. Mientras argumenta que los conflictos de interés que destapan la cloaca de la corrupción son un asunto “entre particulares”. Ante esa falta de responsabilidad política, ante esa ausencia de admisión de errores, ante esa incomprensión sobre la rendición de cuentas que todo gobierno debe asumir, es aplaudible que dos ciudadanos lleven a cabo la tarea que Peña Nieto y los suyos eluden. La tarea de investigar los conflictos de interés y sancionarlos. La tarea de combatir la corrupción y penalizarla…”