Hace 20 años se desató aquella tremenda crisis decembrina que nos tuvo al borde del precipicio económico y que Carlos Salinas calificó como “los errores de diciembre”, lo recuerda ahora Bartolomé, en su columna Templo Mayor, de Reforma: “Qué bueno que hoy en día el país no acumula un déficit de la balanza de pagos tan grande como el de hace dos décadas, que el peso no está sobrevaluado y que la política cambiaria ya no se maneja a través de una “banda de flotación”. Qué malo que dos décadas después del convulso 1994, la inseguridad, el crimen organizado y la corrupción gubernamental no sólo no han sido abatidas sino que gozan de cabal salud. Porque la experiencia marca que cuando se trata de frenar los efectos nocivos de una crisis política y de Estado de Derecho en la economía no hay ni blindajes financieros ni “grandes reformas” que valgan. Y con esa reflexión llega una duda sobre la clase política mexicana: ¿de verdad aprendieron la dura lección de 1994?”