Cuando las condiciones sociales registran elevados grados de inconformidad, de irritación social, de desigualdad económica, la población, sobre todo la juventud estudiosa proveniente de estratos sociales de bajo ingreso económico, son relativamente fáciles de convencer con tesis como las anarquistas. Entonces se convierten en agitadores natos, en provocadores del gobierno para que este ceda a la tentación de reprimir y justificar la corriente que desea “la destrucción del poder”, “la demolición del sistema de dominación”; las condiciones del México actual son propicias para este tipo de movimientos, tal como lo estamos viviendo. Fines y propósitos diferentes aunque con similar estrategia es la de ciertos gobiernos que introducen elementos en marchas de protesta para provocar actos de violencia y desacreditar las causas. Por esta razón, más curtidos por la experiencia, el movimiento del magisterio amordazó a encapuchados que desfilaban con ellos para evitar el desorden, la provocación y la violencia. Anarquistas o embozados del gobierno, ese es el riesgo de las manifestaciones del momento.