David Quitano
17 de diciembre de 2014

 Todo deseo nace de una necesidad, de una privación, de un sufrimiento.

Arthur Schopenhauer.

 

Las condiciones políticas y económicas imperantes, se deben a que el manejo pretérito no fue el adecuado y el que se realiza ahora no es suficiente. Los procesos económicos operantes no están dando las respuestas necesarias a la amplitud de las demandas. 

Hoy más que nunca, nuestras penurias estriban más allá de la retórica de un estímulo continuo para el crecimiento de la productividad. Los añejos anhelos de equilibrar el proceso de acumulación de capital se hacen más presentes que nunca.

El clima de exaltación política se debe a una búsqueda de respuestas a nuestra ruptura social, y a la añoranza en la pesquisa de una trayectoria de avance en la que todas las magnitudes logren progresar al mismo ritmo.

La perspectiva popular posiciona su lingüística diaria en un panorama caótico y turbulento, lo que sin duda alguna no conviene al agregado total, pues las convulsiones que proyectan son harto desalentadoras; si el núcleo motriz del Estado que es la población no cree en un futuro, ello ahonda precariedad del mismo.

Por más eficiente que llegue a ser el mercado, si no cuenta con agentes administrativos que elaboren políticas públicas adecuadas a la dinámica diaria de las jurisdicciones de sus competencias, jamás se logrará  llevar a cabo un efecto compensatorio que permita a nuestro país avanzar.

Los que andamos en las calles, caminamos y convivimos con la base, sabemos que hay una ensanchamiento de la precariedad que no necesariamente se deba a un aumento de la pobreza, sino más bien a un aumento del desánimo y  escepticismo a la clase política y por la falta de meritocracia en la adquisición de puestos públicos.

Un día más es un día menos, la burocracia sólo espera el pago, no busca ser proactiva porque muchas veces el orden jerárquico se limita a ser inclusivo y cree que sus posiciones son correctas aunque en muchas ocasiones no tenga el menor contacto con las necesidades reales o en entienda las mismas.

Si bien es cierto que el poder se controla con política, es necesario no olvidar que la función de la misma es ser el elemento de transformación y de avance de las sociedades.

Servir y no servirse, debe ser nuestro apostolado, trasladar esa máxima de la semántica a la acción, hacer de ello el salvoconducto trasformador de México, porque si no el bienestar total redundará hacia la misma tendencia: más pobres; y eso es un acto inhumano.  

Para cerrar esto, que no puedo llamar columna, más bien párrafos de ideas aislados pero mutuamente incluyentes; cito algo de lo que dentro de las 200 hojas que llevo leídas de Thomas Pikkety he aprendido: Entre menor sea la tasa de crecimiento mayor es la proporción de enriquecimiento de los más ricos.

Al anterior párrafo: Pensemos en cualquier país. 

Recordando:

  • Los cambios pueden tener lugar despacio. Lo importante es que tengan lugar.
  • México necesita despertar y para ello es imperativo una población congruente y comprometida.

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