Por Aurelio Contreras Moreno
18 de diciembre de 2014

Parte de lo que el gobierno de Javier Duarte pretende hacer creer a la población mediante discursos en los que se falta descaradamente a la verdad, es que las finanzas del estado están sanas, ordenadas y transparentes.

Nada más lejano a la realidad. Es la hora en que el Gobierno del Estado no ha terminado de ministrar las participaciones federales que le corresponden a los municipios de la entidad, que por esa razón enfrentan serias dificultades para cubrir sus obligaciones en el pago de nóminas y aguinaldos para su personal en esta temporada decembrina.

Como algunos presidentes municipales se quejaron y hasta amenazaron con proceder legalmente en contra de la administración duartista si no cumplía con la transferencia de ese dinero, el gobierno estatal se vio obligado a soltar una parte de esos recursos. Pero para ello tuvo que tomar capital de otra fuente.

Desde hace meses es sabido que el dinero de las participaciones federales para los municipios fue gastado por el Gobierno de Veracruz en lugar de depositarlo a los ayuntamientos, afectando la obra pública, los servicios y los honorarios de los trabajadores municipales.

¿A dónde fueron a parar esos recursos? No es difícil adivinarlo. Las obras hechas al cuarto para las doce y las fastuosas inauguración y clausura de los “exitosísimos” Juegos Centroamericanos y del Caribe, nos pueden dar una idea de en qué fue gastado el dinero federal que venía etiquetado para el desarrollo municipal.

Los problemas de la (malísima) administración Duarte no terminan ahí. Los empresarios ya han comenzado a reclamar que también se “metió la mano al cajón” del impuesto del dos por ciento a la nómina –donde habrían “desaparecido” unos 600 millones de pesos, según denuncian– para esos mismos fines.

¿Por qué el gobierno estatal prácticamente “pepenó” dinero de donde pudo para financiar los Juegos? Elemental. Porque el dinero que recibieron originalmente para ese fin, también proveniente de la Federación, fue derrochado en campañas políticas, proyectos mediáticos personales y en la construcción de gubernaturas de dos años repudiadas por la sociedad.

Las consecuencias del desorden financiero del duartismo las vemos ahora. Nuevamente es fin de año, y de nueva cuenta, como en 2013, no tienen dinero para pagar los aguinaldos de la burocracia estatal.

Los jubilados y pensionados ya se aprestan para salir a las calles a protestar de nueva cuenta por el incumplimiento del gobierno en una de sus obligaciones básicas. Los académicos de la Universidad Veracruzana tomaron instalaciones de la casa de estudios en diferentes puntos del estado porque por primera vez en la historia de la institución no se les cubrió esa misma prestación en tiempo y forma. Y en la Secretaría de Finanzas y Planeación, prefirieron esconder la cabeza en la tierra, cual avestruces.

Y mientras el estado se le cae a pedazos entre la quiebra económica y el descrédito público, Javier Duarte de Ochoa prefirió irse a la ciudad de México a evitar que desde Los Pinos le echen abajo su malhadada gubernatura de dos años.

Para que queden claras cuáles son sus prioridades.

 

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