Los ánimos están caldeados, como pastura seca a la espera de un cerillo para incendiarse; ejidatarios de Tatahuicapan persisten en su postura y tras del rompimiento de las pláticas cerraron las válvulas de la presa Yuribia dejando sin agua a tres grandes ciudades sureñas. El alcalde de Coatzacoalcos hizo el intento, pero una desafortunada expresión del delegado de política regional provocó el zipizape. El incidente es producto de la codicia de algunos dirigentes de la Sierra por sacar ventaja de la necesidad del líquido para uso humano y de los incumplimientos del gobierno a los compromisos establecidos en minutas firmadas cada vez que hay una inconformidad. No se cree que los ejidatarios lleguen al extremo de dañar la presa, saben del riesgo que la acción implicaría, pero se requiere de un manejo muy fino en las negociaciones, por un lado, y por el otro cumplir lo que se firma porque el abastecimiento proveniente de pozos es cara y no aguantaría la intensa extracción que se requiere para cubrir las necesidades de la población.