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Por Mussio Cárdenas
28 de enero de 2015
* Al fiscal pocos le creen * El caso, politizado: Fidel Robles * Con granada atacan a patrulla policíaca * El Veracruz Próspero y violento * Hau llama traidor a García Bringas y luego lo venera * Atípica afiliación de fuereños en el padrón electoral * El empresario que compra tráilers chuecos

“Culín”, alias el procurador de Veracruz, tiene un problema: pocos le creen.

Da por muerto al periodista Moisés Sánchez Cerezo, lo acredita con un examen de ADN, y pocos le creen.

Presenta a un implicado en el levantón y asesinato. Lo hace hablar. Relata cómo fue la ejecución, ensarta al alcalde de Medellín, y pocos le creen.

Exhibe gráficas del hallazgo del cadáver en su paraje solitario de Manlio Fabio Altamirano, y pocos le creen.

Su problema es de credibilidad. Luis Ángel Bravo Contreras ha minado su prestigio, atrapado en un manejo malintencionado de los hechos, sus pesquisas cuestionadas, las líneas de investigación orientadas a desvincular la violencia contra los periodistas de la barbarie del crimen organizado.

Que los maten los malosos, no. Que los mate cualquier otro, sí.

Moisés Sánchez sí está muerto. Lo dice “Culín”. Luis Ángel Bravo Contreras lo acredita con un examen de ADN, el que no tenía a la mano cuando —enero 25— reveló el desenlace fatal, el hallazgo del cadáver del director del semanario “La Unión”, que editaba en Medellín.

Ese día hizo y dejó de hacer. Mostró a su pieza clave en la investigación, un ex policía que confesó su participación en el levantón, pero sólo en video. No lo llevó con él. No lo puso a tiro de la prensa. No lo expuso a ser cuestionado. No quiso someterlo a las preguntas de los comunicadores.

Y tenía por qué. Clemente Noé Rodríguez Martínez protagoniza el relato perfecto para el guión telenovelesco del procurador de Veracruz. Se le observa confiado, dispuesto a hablar, apegado a la historia que desde semanas atrás ya dibujaba Bravo Contreras: la autoría intelectual del alcalde de Medellín, Omar Cruz Reyes.

No repara en nada. Dice cómo se coludió con otros cinco individuos para plagiar a Moisés Sánchez y asesinarlo. Supuestamente no conoce sus nombres: “El Harry”, “El Chelo”, “El Piolín”, “El Moy” y “El Olmos”. Éste es José Luis Olmos, ex integrante de la Policía intermunicipal Veracruz-Boca del Río-Medellín.

Refiere que el trabajo se los encargó el chofer y escolta del alcalde de Medellín, Martín López Meneses, quien también es subdirector de la Policía Municipal. A cambio, les permitirían vender droga libremente.

Así lo hicieron. El 2 de enero fueron hasta el hogar de Moisés Sánchez, en El Tejar, congregación de Medellín. Lo sacaron a golpes y empujones. Lo subieron a uno de los tres vehículos en que viajaban y se lo llevaron.

En el camino, uno de los sicarios sacó un cuchillo y comenzó a degollar al periodista. Luego lo desmembraron. Dos de ellos fueron a comprar bolsas de plástico negras y en ellas depositaron los restos de Moisés Sánchez. Las arrojaron a orilla del camino, en el municipio de Manlio Fabio Altamirano.

Y a lo largo de 22 días, ningún lugareño reparó en que ahí había algo raro. Nadie se percató del olor. Nadie hurgó en las bolsas y dio aviso a la autoridad. Vaya ingenuidad.

Hay una frase que exhibe la fragilidad del relato: “Alborotaba el panal, nos dijeron, pero al principio no sabíamos que era periodista, pensábamos que  sólo era un taxista. Fue a los dos días cuando nos enteramos en la prensa, y que además publicaba cosas que perjudicaban al ayuntamiento”, dice Noé Rodríguez.

Hay otra más que contribuye al escepticismo:

“Nos espantamos pero El Harry dijo que él iba a hablar con Meneses para ver si el alcalde paraba la bronca”.

Clemente Noé Rodríguez Martínez y José Luis Olmos eran integrantes de la Policía Intermunicipal. Saben quién es quien en la vida pública, políticos y periodistas.

Moisés Sánchez no era un periodista cualquiera. No sólo publicaba y denunciaba, su pluma crítica dándole voz a quien así lo requería. Se movía en su tierra, en El Tejar y en Medellín. Pero también en Veracruz donde alternaba con comunicadores, donde expuso un caso personal, el de su nuera, víctima de un accidente, y de la negativa de la línea de autobuses a responsabilizarse de los gastos. Su protesta fue abierta y contundente, registrada en los archivos de información política y también policíaca.

Todos en la policía sabían quién era el periodista Moisés Sánchez.

Dice el personaje de la versión oficial que “al principio no sabíamos que era periodista, pensábamos que  sólo era un taxista” y que “nos espantamos pero El Harry dijo que él iba a hablar con Meneses para ver si el alcalde paraba la bronca”.

A lo largo del video, que además está editado, ocultos algunos fragmentos del relato, Rodríguez Martínez cita con marcada precisión el nombre del alcalde Omar Cruz Reyes. Lo hace relevante. Se advierte la intención de establecer la autoría intelectual del levantón y crimen del periodista. Es la politización del crimen de Moisés.

Dos días después de la resolución del caso, el periodista Aurelio Contreras, autor de la columna Día a Día, expresó:

“Hay razones para dudar de la versión del Fiscal, además de la propensión de este gobierno a torcer la verdad y la justicia. La identificación del supuesto cadáver de Moisés se sustenta en la coincidencia de sus huellas digitales con las que aparecen en el acta de matrimonio del periodista, que tiene más de 30 años de antigüedad.

“Asimismo, el único señalamiento que incrimina directamente en la autoría intelectual del delito al alcalde de Medellín, Omar Cruz Reyes, es el de un ex policía municipal, Clemente Noé Rodríguez Martínez, quien al momento de rendir su primera declaración parecía seguir un guión muy bien estructurado. Además, al ratificarla ante el Juzgado Quinto, presentaba notables signos de haber sido golpeado, y en un acto insólito, pidió ‘perdón’ a la familia de Sánchez Cerezo y afirmó que de haber sabido que era periodista, no lo hubiera asesinado”.

Otro personaje crítico del régimen duartista, el diputado local Fidel Robles Guadarrama, señala que el caso está politizado. En una esquina, el alcalde panista Omar Cruz Reyes, y en la otra, el gobierno priísta.

Advierte que el juicio de desafuero que se realice en el Congreso de Veracruz contra el alcalde Omar Cruz debe sustentarse en pruebas contundentes, “porque ahora el asunto es que luego agarran a cualquiera, lo torturan y hacen que diga lo que la Procuraduría quiera”.

Dos factores ponen en duda la investigación telenovelesca del fiscal Bravo Contreras: la politización del caso y el fantasma de la tortura.

Hay señalamientos de que Noé Rodríguez Martínez presentaba evidencia de tortura. Presionado, firmó su declaración incriminatoria. Al día siguiente acudió al Juzgado Quinto de Veracruz, relató los hechos, la misma historia registrada en el video de “Culín” Bravo, consignada en la causa penal 12/2015.

Es una constante en el ámbito judicial. Jorge Antonio Hernández Silva, alias “El Silva”, incriminado en el asesinato de la periodista Regina Martínez Pérez, corresponsal de la revista Proceso, acusó tortura y el Tribunal Superior de Justicia le dio la libertad. ”Culín” lo reaprehendió por el delito de robo. Pero de que fue torturado, fue torturado.

Los implicados en el crimen del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz, reportero de Notisur, Liberal del Sur y La Red, en Coatzacoalcos, acusaron tortura y eso les valió que ganaran un amparo, el cual pasó a revisión y están a punto de quedar libres.

Es inverosímil la historia del fiscal. Y es para idiotas. Es insólito que un grupo de sicarios levanten a su víctima, la asesinen, la cercenen, coloquen sus restos en bolsas de plástico y luego las arrojen a orilla de la carretera.

A eso se agrega que el principal declarante, Noé Rodríguez, presente un golpe en el rostro. Por el camino de la tortura se le van los culpables al procurador.

¿Se le puede creer a “Culín”?

 

Archivo muerto

 

Entre una lluvia de balas, una granada arrojada sobre ellos, supuestamente napalm, cinco policías de Lerdo de Tejada supieron que el Veracruz Próspero no existe. Fueron emboscados por una banda delincuencial. Eran las 9:30 de la mañana, este martes 27. Se hallaban sobre la carretera San Andrés Tuxtla-Alvarado. El fuego los abrasaba, casi nula la opción de salvar la vida. Alcanzado por las llamas, su piel lacerada, el comandante Armando Sánchez Garibay murió minutos después. Otros cuatro policías están heridos con heridas de segundo y tercer grado. Los sicarios se fueron. Recuerda este episodio al “granadazo” del Acuario de Veracruz —agosto 15 de 2011— cuando la policía perseguía a una célula de Los Zetas, en el puerto jarocho. Arrojaron la granadas los malosos, una cayó en la banqueta, casi a los pies de una familia que había venido a turistear. El padre se lanzó y cubrió con su cuerpo el artefacto, matándolo al estallar. Uno de sus hijos resultó herido. Eran los primeros meses del terrible sexenio duartista, el peor de todos, el que más violencia ha permitido, solapados los criminales, impunes. Venir de vacaciones a Veracruz y regresar en un féretro, es una muestra del estado fallido. Hoy, ocurre otro ataque con granada. Muere el comandante y los cuatro policías quedan heridos. De Veracruz, la violencia no se ha ido. Está en las calles, en el campo, en los hogares, en los negocios. Es el Veracruz de Javier Duarte… Sigue el show: Hugo Hau, líder de taxistas y ex director de Atención Ciudadana en el ayuntamiento de Coatzacoalcos, quien despotricaba por la postulación de Rafael García Bringas a diputado federal y hasta anunció su salida del PRI, no pasó de sus habituales berrinches a los que, por supuesto, siempre les saca jugo. Brincó, saltó, se proyectó y terminó tragándose los sapos habían salido precipitadamente de su florida boca. A convivir con el traidor, echarle porras, sacarse la foto, fundirse en un abrazo, pues el diablo los hace y el PRI los junta. Son los lodos que el priismo ofrece a la sociedad; el embuste, la doble cara, el falso discurso. Las traiciones de García Bringas son su sello; el de Hugo Hau son las renuncias fingidas. ¿Cuántas veces hecho lo mismo y termina a los pies de sus enemigos? Es el rey del pataleo. Es el priismo arrodillado… Atípica afiliación de fuereños en el distrito electoral XI, o sea Coatzacoalcos, durante 2014. Un muestreo interno refleja que ciudadanos venidos de otros estados se inscribieron en el padrón electoral, todos teniendo como domicilio Nanchital, municipio que forma parte del distrito de Coatzacoalcos. Se debe a que sólo así les otorgaban contratos de trabajo en Etileno XXI. Lo que está por verse es si a cambio de esos turnos en la construcción de la planta industrial, el 7 de junio, día de la elección federal, vendrán a votar. Es lo que se conoce como turismo electoral y es delito, pues falsean información a la autoridad para obtener una fotocredencial usada para votar en un distrito al que no pertenecen… ¿Quién es ese connotado empresario abarrotero que compra tráilers de dudosa procedencia, secreto que le permite vender a bajo costo en su cadena comercial, secreto también de su más que sospechosa fortuna? Una pista: pregona ser apolítico pero le encanta succionar a la política…

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