Diego H. Arrazola
23 de enero de 2015

Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres

Rosa Luxemburgo

 

C. Carlos Navarrete R.

Presidente CEN PRD

 

Por medio de la presente manifiesto mi renuncia irrevocable como miembro del Partido de la Revolución Democrática. Lo anterior obedece a una valoración ética y política sobre el comportamiento que dicha organización ha demostrado con sus militantes, la ciudadanía y la Nación.

En cuanto a la relación con sus militantes el PRD ha establecido una dinámica de “amo-esclavo”: el militante del PRD ha desaparecido como persona y se ha convertido en mercancía al mejor postor, por así convenir a intereses y actos muy distantes de la democracia. La militancia en el PRD es sólo respetada, en los hechos, ante la obediencia irrestricta a los “dueños de los feudos” erigidos al interior de la organización. En esta lógica “amo-esclavo” se inscribe también la del “premio-castigo”: los cargos partidarios y de representación popular se compran, se venden y/o se heredan.

En cuanto a su relación con la ciudadanía, el PRD queda mucho a deber a México por conductas discordantes de quienes ostentan cargos de representación. Desde gobiernos municipales, estatales y en el Congreso de la Unión se privilegia la negociación con otrora adversarios históricos por sobre la construcción de bases sociales diversas que acompañen el proceso de un país justo para todos.  Las historias de corrupción y sus terribles desenlaces son ampliamente conocidos, y aunque no exclusivos del PRD, considero que no pueden ser admitidos por éste. En este punto cabe el abandono de la ideología de un partido que en el papel dice buscar la transformación de México a través del “socialismo democrático”.

Me retiro con experiencias enriquecedoras y saludo con respeto a quienes decidan permanecer para evitar lo que considero ya inevitable: su desvanecimiento. Será doloroso, sin embargo el PRD actualmente funciona más como un “mal necesario” para legitimar al régimen neoliberal. Eso hiere más y no es izquierda.

Presupongo que nos seguiremos encontrando quienes perseguimos la utopía de que un país digno, justo, igualitario y democrático es posible. En lo poco que desde este instrumento hemos podido hacer por ello, ha sido un honor.