Por David Quitano 
12 de enero de 2015

Siempre resulta difícil hablar con sencillez, tanto en la ciencia política como en la actividad política, especialmente si ello implica moralizar

Bernard Crick (Emérito de Birkbeck College, Londres)

Para algunos es un placer algo doloroso, y hasta romántico, poner acento de estudio a las evoluciones del comportamiento y del pensamiento negativamente; y no tanto en los que construyen un ideal y que piensan en acciones de transformación.

Es cierto que debe existir un alto al descarado desenfreno a la hora de exhibir sus recursos por parte de ciertas fracciones de la clase política, para buscar a través de la congruencia, legitimar su posición, misma que es un elemento indispensable para conllevar y no yuxtaponer una plena gobernabilidad.

Ese tipo de pequeñas acciones permiten robustecer el tejido social, para que de esta forma podamos ir avanzando gradualmente hacia estadios que configuren una sociedad con mayor capacidad para crecer, la base, el piso no dará fluidez si tenemos como variable regresiva a la cultura de la impunidad.

Misma que funge como ácido desintegrador de la mayoría de las acciones de las instituciones de los diversos órdenes de gobierno, donde cuando éste quiere aplicar la fuerza de la ley en algún acto tipificado, pero que significa aglomeración, se le tacha de ejecutor criminal o autoritario.

Esto obedece a que la congruencia por la privatización del derecho público, genera escepticismo al agregado social, lo que conlleva en una denigración hacia todo aquello que tenga que ver con lo político, en lugar de ver a la política como aquel instrumento hipotético de progreso social. Sólo con acciones que impliquen efectividad en la reingeniería institucional y jurídica, podremos como nación posicionarnos como una plataforma con la cual toda la ciudadanía viva mejor.

La nueva fisonomía demanda municipios eficaces, entidades de gestión comprobada y un ejecutivo nacional con una visión proactiva a los escenarios globales, para que de esta manera los ciudadanos encuentren cauce para alcanzar en sus aspiraciones humanas.

Por ello, la neutralidad del ejecutivo y la política extragubernamental requieren especificaciones no tan centralistas, pues la pluralidad cultural y de características técnicas del país no encuentra necesaria ni viable tratar a las diversas zonas como un todo agregado. Es decir, hoy México reformó acertadamente en su marco global, pero resta lo más importante hacer que la atracción de futura bonanza mine en la semilla (sociedad) para que ésta crezca y eleve su productividad, y así se fomente la prosperidad.

Sin lo anterior, ningún futuro alentador de manera nacional nos espera, –y eso sí sería lamentable– por ello debemos ser más participativos y buscar de manera legítima ocupar espacios para poder contribuir de acuerdo a nuestras características.

Todos estamos en tiempo, las jornadas electorales se avecinan y con ellas un retraso de paupérrimo nivel de debate y propuestas, es responsabilidad de nosotros moldear esa dinámica, si no lo realizamos lo padeceremos.

Recordando:

  • El fundamentalismo acontecido en Francia en días pasados, nos debe recordar que la pluralidad le ha dado más al mundo que las cosmovisiones geocéntricas.
  • En la política local, comienza el transfuguismo.

Twitter:@David_Quitano