Por Danner González
13 de enero de 2015

 

A la memoria de don Julio Scherer,

quien nos enseñó a combatir desde la verdad,

siempre desde la terca verdad.

 

 

Estimado Javier Sicilia:

He seguido con atención su convocatoria a boicotear las elecciones de este año y en especial, la recapitulación de sus postulados al respecto en la nota de Arturo Rodríguez García el pasado 4 de enero en Proceso (No. 1992, pp. 25-27).

Tiene razón, don Javier, en que hay que aprovechar este punto de inflexión –después del horror de Ayotzinapa– para refundar el país, en que hay que ir de la protesta a la propuesta y que la propuesta en esta hora difícil no es otra sino un nuevo pacto social.

Personalmente, admiro su valor y su reciedumbre. Reconozco la probidad de su persona y la legitimidad de las demandas del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. La poesía enseña a estar de pie frente a la muerte. La poesía, idílica unas veces y en otras crudelísima, será siempre un canto de esperanza. La política en cambio, don Javier, es la más tímida de las artes, su campo de acción está circunscrito a lo posible. Es loable buscar la creación de un Comité de Salvación Nacional o exhortar a la clase política a convocar a un Nuevo Constituyente. Sería lo deseable, pero no lo harán. Ninguno de aquellos que medran al amparo del poder estarán dispuestos a exponer su cabeza a la guillotina pública.

A los políticos tradicionales tendremos que ganarles en su misma cancha, en un sistema político que se encuentra desde hace mucho tiempo pervertido, pero que no puede imposibilitar la participación de los ciudadanos libres. A los políticos tradicionales, don Javier, sólo pueden derrotarlos los ciudadanos en las urnas, revocándoles su patente de corso. Boicotear las elecciones sólo logrará cerrarle el paso a las alternativas emergentes y viables en que muchos ciudadanos han encontrado un programa que les de voz y participación directa. El boicot electoral sólo reafirmará a las élites del PRI, PAN y PRD y sus aliados de siempre en el poder, mediante su voto duro.

Coincido con usted y con el obispo Raúl Vera: hace falta un nuevo pacto social. El pacto por México, anunciado con bombo y platillo por la Presidencia de la República al inicio de este sexenio, ha dejado en claro desde su creación como conciben ellos al país: como un jugoso botín a repartir, que para todos alcanza. Con ellos, un nuevo pacto social es insostenible. Pactemos primero los ciudadanos. Una Nueva Constitución con los políticos de siempre, en el mismo sistema, es vino nuevo que rápidamente se echará a perder en odres viejos.

Tiene usted razón, don Javier. Durante casi 70 años, y ahora en su versión 3.0, el PRI instauró la cultura de un gobierno y partidos delictivos. El cáncer social recorre todas las estructuras del sistema. Extirparlo, insistimos, corresponde a los ciudadanos. El abstencionismo no va contra la democracia, pero tampoco posibilita su renovación. Votar no es legitimar si se vota en libertad y contra una clase política ineficaz.

Dijo usted anteriormente que los priístas creyeron que podían administrar el infierno. Fallaron desastrosamente. México es hoy, como en la Muerte sin fin de Gorostiza, la soledad en llamas.

Lo invito a usted, al obispo Raúl Vera, a las organizaciones de la sociedad civil, a todos los mexicanos indignados, a  construir juntos una agenda legislativa y de gobierno que ponga énfasis en la defensa de los Derechos Humanos, a diseñar nuevos modelos de seguridad pública e impartición de justicia, que incluya un Código Ético y una Fiscalía Ciudadana para investigar y denunciar las redes de complicidad entre las instituciones públicas y privadas, como usted bien sostiene. Hay que devolver el INE, el IFAI, la CNDH a los ciudadanos y hacerlos que sean verdaderos instrumentos de defensa de los mexicanos, no instancias al servicio del poder.

Cambiemos la composición del Congreso. Propongamos para ello a los mejores ciudadanos. Eliminemos a golpe de votos los virreinatos instituidos por gobernadores que hoy por hoy, cometen toda clase de tropelías al amparo del poder. Pongamos la política al servicio de los ciudadanos. Entonces sí, con el apoyo de todos los sectores, construyamos una Nueva Constitución, nuevas leyes con un férreo control a los poderes públicos, que inhiban la corrupción, garanticen la transparencia y la rendición de cuentas, y que hagan de la libertad ciudadana una premisa insustituible.

El Estado debe existir para garantizar esencialmente la propiedad privada y la seguridad de sus habitantes. Si somos capaces de construir un nuevo Estado social, pluricultural y multiétnico, con pleno respeto a los pueblos originarios y a las autonomías, con esa ética colectiva de que usted habla –pero lejos del anarquismo que sólo generará división para favorecer a los mismos de siempre–, estaremos sentando las bases de un México más justo y con igualdad de oportunidades para todos.

Atentamente: 

Danner González

 

Contacto: @dannerglez