La confesión del diputado Renato Tronco sobre que un diputado local recibe emolumentos mensuales por 230 mil pesos provoca náuseas y concita el rechazo ciudadano porque, de ser cierta la versión del legislador sureño, no devengan un dinero que se le quita al presupuesto pudiendo destinarlo a mejores causas. Ninguno de los 50 diputados debiera recibir esa cantidad porque su trabajo no lo justifica, ni lo vale. Tampoco los 154 mil que se afirma, porque la población veracruzana se compone de un altísimo porcentaje de gente viviendo en pobreza extrema y de ninguna manera se justifican salarios o dietas tan elevadas.