El lunes pasado fuimos testigos de la violenta incursión de manifestantes al cuartel de Iguala, Gro., en donde reside el 27 Batallón de Infantería. El propósito fue el de constatar que no estuvieran allí los 43 jóvenes normalistas desaparecidos, una forma no muy apropiada para lograrlo, por cierto. Pero para bajarle la presión a las protestas la Procuraduría General de la República avisa a los padres de los desaparecidos que las puertas de los cuarteles militares están abiertas para un ingreso “ordenado y respetuoso”. No pasa desapercibido el que haya grupos de presión intentando generar violencia, provocando la represión para tomar elementos adicionales de protesta. Es infame explotar el dolor ajeno.