Por Silvia Núñez Hernández
19 de enero del 2015

No hay peor enemigo para un mortal, que regocijarse de un título que no cuenta, ya sea porque jamás tuvo la oportunidad de estudiar o de plano porque no pudo con la carrera. Si cree que hablo de un alto funcionario enquistado en el poder, está vez se trata más bien de una rémora que se alimenta de lo que le avientan sus amos por difundir información falsa en contra algún colega periodista incómodo para el poder o por inventar historias sin sustento –que rayan en la estupidez– y falta de credibilidad.

Existe una historia bastante chusca de un sujeto que se llena la boca diciéndose “licenciado”, cuando no ha de tener ni la licencia de conducir vigente. Le cuento la historia amable lector:

Se trata de un fulano –cuya única “virtud” es prestarse a cuanta sandez le solicitan desde las altas esferas políticas– que deambula por el puerto de Veracruz con ínfulas de empresario y dándoselas de licenciado, cuando su cruda realidad es que no pudo salir de la carrera de Ciencias y Técnicas de la Comunicación (Facico) impartida en la Universidad Veracruzana. Su tedioso e infructuoso intento por sentirse universitario se vio mellada por su incapacidad para entender lo básico de la carrera. Fue compañero de casi los ya consolidados periodistas que escriben o dirigen en los diferentes medios de comunicación tanto en la conurbación Veracruz-Boca del Río como en los municipios del estado veracruzano. Pasó largos ochos años en las aulas de la Facico –cuando es de cuatro solamente– y fue hasta en 1992 cuando supuestamente pudo por fin graduarse y celebrar con estudiantes más jóvenes que él las fiestas y mojaderas que se organizan en relación a este gran triunfo. Para él sí lo era, pues al parecer el estudio no era lo suyo.

Yo ingresé a la Facico en 1989 y egresé en 1993. Es decir, la suerte estuvo de lado de nuestra generación al no tenerlo de compañero de clase. Cuentan que sus chistes y sus acciones eran acordes a sus incapacidades, haciendo muy difícil el poder al menos cruzar media palabra con él. Así que puedo decir que jamás sabré a quién le tengo que agradecer, cuando la humanidad de los maestros, lograron que este ya por fin saliera de la carrera.

Hace poco visité mi alma mater. A lo lejos vi a ese regordete personaje ingresando a la oficina del actual director, Marcos Malpica. Pensé que su visita era porque luego de que su amigo ya era la máxima autoridad de la actual Facico, seguro le iría a pedir dinero como es su costumbre. Pero no, me equivoqué. Una persona que labora en dicha facultad en el área administrativa me observaba a lo lejos. Mientras que yo estaba instalada en una de las escalinatas del edificio, la persona finalmente se acercó y me dijo:

“Cómo ves a este cuate que anda apurado intentando solucionar un problemota que tiene (…) –yo atenta escuchaba– Resulta que se llevaron sus papeles a Xalapa desde el hace cuatro meses [acto violatorio luego de que la documentación no puede sacarse por tanto tiempo] porque debe de una materia de hace 23 años (…) Me da risa porque el tipo viene desesperado y hasta tronando dedos diciendo que venía en nombre de Javier Duarte de Ochoa para que le pongan una calificación aprobatoria a dicha materia (…) Eso se podrá hacer al menos que la rectora le regale la calificación y dudo que quiera hacerlo (…) La neta no va a poder hacer nada, para porque para aprobar dicha materia tendría que revalidarla y ese plan de estudios ya ni existe (…) Ósea, el tipejo ya se jodió, porque resulta que en su historial queda que es un repetidor y que no pudo con la carrera y ya no puede estudiarla de nuevo aquí (…) Tendrá que decirle a su amigo el gobernador que le pague la carrera en una escuela privada”.

Bonita historia. Ahora entiendo y hasta justifico su mala sintaxis y las alarmantes faltas de ortografía en cada una de las publicaciones que hace en su medio informativo. También entiendo el por qué dentro de sus escritos hace uso de todos los géneros periodísticos existentes. Nunca comprendió que estos se tenían que atender por separado y jamás en una misma entrega. Lo admirable es que si aprendió a escribir su nombre correctamente, no cualquiera señores, no cualquiera. Digo, no cualquiera de su ignorancia.

Lo asombroso de este sujeto es que el primero que se refiere a colegas empíricos con desprecio, cuando él mismo lo es. Indigna ver como se refiere al periodista y activista social, Moisés Sánchez Cerezo, pues argumenta que este no es reportero por no haber estudiado dicha carrera y casi casi instruye a la Procuraduría General de la República a no atraer las investigaciones –luego de que la PGJE se ha portado omisa- pues alude que este ni periodista es. Como si no se tratara de un ser humano y por ser empírico, sea menospreciado por la prensa boletinera.

Lo curioso es que tampoco se refiere a un amigo suyo quien es también empírico y no solamente se dice periodista, sino hasta despacha en un rotativo local como subdirector. Tampoco alude a que el propio alcalde de Medellín de Bravo cuenta con una enlace de prensa con carrera en psicología, haciéndola también empírica.

Definitivamente, el hecho no les impide en realizar la actividad. Hasta ahora, no existe ninguna ley que establezca la profesionalización de la carrera, permitiendo con esto que cualquier persona pueda –se sienta competente para ejercer la actividad, la lleve cabo.

Más indignante es decirse licenciado cuando ni a pasante llega. También decir que fue estudiante de la carrera de comunicación sin serlo y aunado a ello, no saber escribir correctamente. Con su circunstancia denota [espero entienda el significado] una lastimosa falta de formación académica, como también una lacerante falta de ilustración.

 

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