Mientras que en los Estados Unidos y en otras democracias avanzadas cuando un gobernante es sorprendido mintiendo, defraudando su juramento ante la Biblia, se ubica en el inminente riesgo de ser destituido, desde el presidente de la república hasta un alcalde, tal como ya ha sucedido en Nueva York y en la Casa Blanca. Lo más reciente es cuando interrogaron a Clinton si había mentido en el caso de la becaria Mónica Lewinsky. Detalles culturales aparte, acá en la aldea, es muy lamentable la actitud de la señora Anilú Ingram al desentenderse del compromiso con sus conciudadanos de permanecer en su cargo de legisladora local si la favorecían con su voto. Pero apreciando que no le creerían, pues era palabra de política, acudió al respaldo de un compromiso notariado para reafirmar su promesa; la misma que ahora quebranta con la tradicional actitud del político pueblerino y de menosprecio a la ajena opinión. De no dar marcha atrás ella o el PRI y persista en su candidatura tendremos oportunidad de saber qué decidirá la ciudadanía del puerto jarocho en las elecciones de julio próximo.