El caso de Iguala, la renuncia de Cárdenas, la renuncia del senador Mario Delgado, los excesos del Delegado de Iztapalapa, en el DF, la disputa pública de los Chuchos contra López Dóriga y por supuesto el enorme peso en contrario que representa López Obrador con MORENA tienen al Partido de la Revolución Democrática en un grave predicamento, pues no alcanza a cubrir competitivamente ni 100 de los 300 Distritos electorales en disputa para julio próximo. Según el diagnóstico interno del PRD en el norte de la república no consiguen fácilmente prospectos para candidatearlos y en los más fuertes bastiones, Guerrero y Michoacán, hay serios problemas de inseguridad que podrían evitar la elección, sobre todo en Guerrero. Queda Tabasco, pero allí pesa López Obrador. En Veracruz, en donde el desprestigio de la dirigencia es fatal, no encuentran candidatos ni para competir, no digamos que para ganar; no olvidemos que hace tres años el PRD ganó sólo un Distrito, el de Xalapa, y esto por las circunstancias especiales que mediaron en el entorno político de entonces. Sólo queda el Distrito Federal, la última esperanza de mantenerse como la tercera fuerza electoral en el país.