Por Miguel Angel Cristiani G.
23 de enero de 2015 

En la historia verdadera del cuento del Mago de OZ todo el pueblo se alegra cuando le es comunicada la noticia de que la bruja mala ha sido eliminada y que en consecuencia ya no podrá seguir haciéndoles daño, ni amenazándoles con destruirlos si no cumplen sus órdenes.

Es bien sabido también, que la bruja mala, en realidad no era así, sino que sufrió una radical transformación, luego de que por su extraña apariencia color verde, era víctima de bullyng y desprecio hasta por sus compañeros.

Hasta que llegó por mera casualidad –a las entrañas del poder en el reino– descubriendo que a través de la enorme máscara del Mago de OZ, podía emitir mensajes intimidatorios a los periodistas y hasta los dueños de medios de comunicación. Nada más bastaba una llamada de atención, a través de la máscara parlante, para que cualquier súbito fuera despedido; pero además descubrió, que al manipular a los medios, le permitía obtener jugosos negocios y fue así como de un año para el otro, habría acumulado la mayor riqueza que nunca jamás había imaginado.

De una pobre brujita del montón, pasó a ser la poderosa empresaria, dueña no sólo de medios de comunicación, sino también de restaurantes, tiendas de regalos, salones de fiesta, una expansión explosiva de sus inversiones.

Pero como dicen en mi pueblo que el dinero y el amor no se pueden ocultar, pues finalmente la mandaron al destierro del reino, a refunfuñar fuera del palacio, pero ya sin el poder magnánimo que le daba el manejo del presupuesto a su más amplia conveniencia personal. Claro que la bruja mala no está conforme, quiere regresar a disfrutar las miles de manejar los recursos millonarios.

Públicamente, hace apenas unos días, en una reunión del partido, ofreció “su experiencia en el manejo de medios” para hacerse cargo de la contratación de los espacios de publicidad para los candidatos a diputados federales. Pero obviamente, fue bateada muy lejos hasta fuera del campo de juego.

Pero no descansa en su afán de volver a tener la oportunidad de manejar los presupuestos millonarios que se tendrán que contratar en publicidad en las próximas campañas federales.

Cualquier semejanza con la realidad…es mera coincidencia.

Dice el filósofo de mi pueblo Pancho López que aunque todavía no se define cual será el canal para hacer los –acuerdos– que no convenios con los medios: si a través de la coordinación, por conducto del partido o por fuera desde una cafetería, como ya se empezó a planchar candidatos incómodos.

 

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