Provoca alarma la información difundida ayer por alcalorpolitico.com refiriendo la “oxidación excesiva” en las estructuras metálicas del túnel sumergido de Coatzacoalcos y otros detalles que afectan a su construcción, según el Informe de la Cuenta Pública Consolidada del ejercicio fiscal 2013; más preocupante aun porque de aquella revisión transcurrió un año y el deterioro pudiera ser mayor. “Se advierte que la obra está en riesgo de no poder resistir inundaciones, sismos, meteorológicos de magnitudes mayores, operación bajo condiciones riesgosas, como son explosiones y accidentes viales, principalmente”, dice el reportaje. Ante las condiciones de abandono que encontraron los auditores recomiendan “ejecutar acciones preventivas que eviten deterioro a los elementos estructurales; también recomiendan revisar la “resistencia, seguridad, calidad, avance de daños y todo lo concerniente a control de calidad…”. Sería más que lamentable, e históricamente grave,  que una obra tan costosa y de un potencial de servicio extraordinario quedara sepultada bajo los cimientos de la ineptitud y la corrupción.