Por Aurelio Contreras Moreno
28 de enero de 2015

Mientras su clase política está más preocupada por repartirse lo que queda de las tajadas de poder y de sus recursos, Veracruz sigue a la deriva, en una debacle dolorosa, cada día más acentuada de la convivencia social y la paz.

Así, en tanto la Fiscalía General del Estado se ahoga en devaneos para intentar convencer a la opinión pública de que ya resolvió el crimen cometido contra el periodista y activista Moisés Sánchez Cerezo, otra periodista fue blanco de amenazas de los criminales.

Se trata de la fotorreportera Patricia Ivette Morales, quien trabaja para el diario Imagen de Veracruz. El lunes pasado recibió amenazas vía telefónica de un supuesto cártel del narcotráfico que opera en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río.

Un sujeto que se identificó como el “jefe de plaza” de ese presunto grupo delincuencial, le dio santo y seña de su familia y de sus actividades a Patricia Morales, quien acto seguido dio aviso a las autoridades locales, tanto civiles como castrenses.

Llama la atención que Patricia no cubre la fuente policiaca ni realiza coberturas sobre seguridad pública o crimen organizado. ¿Por qué habría de amenazarla un capo del narco local?

No hay que pensar mucho en la respuesta: porque cualquiera lo puede hacer, ante la situación de indefensión a la que el Gobierno del Estado ha llevado a los periodistas en Veracruz. Total, con tal de cerrar las investigaciones y eludir su responsabilidad, las autoridades inventan historias para negar que haya vinculación entre las amenazas y crímenes contra periodistas con su actividad profesional, y se saca de la manga chivos expiatorios para decir “que ya se resolvió” el caso que sea.

Hay que decirlo. No solamente los periodistas estamos expuestos. La barbarie alcanza a toda la sociedad, a todos los estratos y a todas las actividades que sus miembros desempeñan. Nadie está a salvo.

Para muestra, la refriega de la mañana de este martes en el municipio sureño de Lerdo de Tejada, en la comunidad de Tapalapan, donde un comando armado atacó con granadas y armas de alto poder a una patrulla de la policía municipal, resultando muerto por las quemaduras y los impactos de bala el comandante de la corporación, Armando Sánchez Garibay.

De ese nivel es la “paz” que pregona el duartismo. De norte a sur del estado, hay secuestros, balaceras, enfrentamientos, que no porque no se publiquen en la prensa no suceden. No porque el gobierno pretenda cerrar los ojos ante el desastre de la seguridad, la economía y el desarrollo en que ha sumido por corrupción e ineptitud a la entidad, las desgracias van a desaparecer.

Pareciera que Veracruz está en un callejón sin salida, sometido por un grupo gobernante rapaz que intenta arrodillar a la prensa crítica pero es omiso o cómplice de los grupos criminales, que en medio del desorden han vuelto a surgir y a tomar fuerza.

Lo peor de todo es que los mismos que han hundido al estado, pretenden quedarse otros dos años en el poder. Su ambición no tiene medida. Ni límites su desvergüenza.

 

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