Por Luis Gerardo Martínez García
13 de enero de 2015

A la memoria de los periodistas idos

 

Hoy quiero escribir y no puedo
Frente a la máquina, aletargado, no encuentro
la palabra adecuada que inicie mi texto.
¿Critico? ¿Halago? ¿Reflexiono? ¿Solapo?
No lo sé. Sigo aquí, temiendo que un teclazo
suene como un disparo.  

Aún no inicio; no puedo; 
no hallo la letra inicial de lo que debo decir
con mayúscula, con minúscula, con signo de admiración o de interrogación.
¿Callo? ¿Digo? ¿Avanzo? ¿Mendigo?
No lo sé. Sigo pensando que la hoja blanca
garantiza vida, permanencia.

Me resisto a no escribir, a callar.
Me acompaña un lápiz que simula una bala.
El frío de la madrugada me hela el lenguaje.
¿Qué decir? ¿Para qué hablar? ¿Vale intentarlo?
Sigo sin iniciar. Ni una sola idea, ni una inicial, ni una señal.
Permanecer silente, garantizable permanente.

No avanzo. Sigue la hoja en blanco, amenazante.
Resguardo las ideas; celo mi postura. Me censuro.
Lejano escucho (leo y releo) las palabras
del periodista ido; ese que no midió, que levantó el vuelo
para no volver y quedó ahí, en la memoria, en el olvido.

Respiro profundamente como para tranquilizarme;
le doy vueltas a la idea esa que ni siquiera llega.
¿Cómo manifestar mi indignación, mi descontento, mi tristeza, mi desconfianza?
¿Cómo exigir lo que por derecho nos pertenece: justicia, tranquilidad, coexisticia?

De entre el librero sacó mi pequeña libreta de notas.
Tomo ese lápiz que casi siempre me acompaña.
Pienso en aquellos compañeros desaparecidos (por no decir asesinados).
Sueño en una sociedad diferente demandante, viva, informada, pensante
que hoy día despierta otra vez cansada, dolida, humillada, moribunda;
intento robar idea alguna a ese periodista que leí ayer 
y que hoy ya  no está; no me atrevo. 

Persigo el qué decir pero no lo alcanzo.
¿Miedo? ¿Precaución? ¿Agotamiento? ¿Hartazgo?
Nada de eso, pero sí, seguro
cada letra, cada palabra, cada expresión
conllevan vivir a la orilla del abismo.
Eso tal vez explique el repensar 
¿Qué decir? ¿Para qué hablar? ¿Vale intentarlo?
Unos creen garantizar su vida en silencio absoluto
otros se juegan la vida con la palabra.

Hoy quiero escribir y no puedo.
Qué hacer si desaparecen con vida
y aparecen sin ella. 
Salir a la calle o no;
tomar la plaza pública o no;
escribir o dejar de hacerlo;
exigir o callar;
Hoy quiero escribir y no puedo
porque aún no encuentro explicación alguna
a la impunidad, la corrupción, la censura, el asesinato.

Ya amaneció y sigo aquí. En una espera ansiosa, cauta, decidida.
Escribo, si, la primera letra, la primera palabra:
Libertad, así, con mayúscula. 
Aún así, consternado por los periodistas idos,
sigo sin poder escribir.