Por Rafael Arias Hernández

21 de enero de 2015

Hay demasiadas evidencias y alertas locales, nacionales e internacionales que muestran con toda claridad la magnitud de la crisis económica e institucional a que se enfrenta el país. La mayoría todavía pronostica un crecimiento de la economía mexicana entre 3.0 y 3.4 por ciento en 2015; pero, por lo pronto, la reducción de expectativas se adelanto. En los primeros días del año, entre otros organismos internacionales, el Banco Mundial redujo de 3.5 a 3.3; y la ONU de 4.2 a 3.4 por ciento.

Pronto, demasiado pronto, se derrumbó la previsión oficial esperada del 3.7 por ciento para el presente año. Y lo que falta, pues apenas empezamos.

De Veracruz con su crecimiento negativo o muy bajo, ni hablar. Todos estamos en el mismo barco, lo internacional nos afecta. A su vez, está claro que ningún estado o municipio es ajeno al contexto nacional. En mayor o menor medida a todos provoca y genera múltiples consecuencias, que se hacen sentir en diversas formas e intensidades.

La dinámica interna, el tipo de gobierno (bueno, malo o peor), y las características de cada entidad y municipio son, desde luego, aspectos importantes que hay que tomar en cuenta.

 

SABER PARA ENTENDER, ENFRENTAR Y RESOLVER

 

No se atiende bien lo que no se sabe. Es preciso identificar y reconocer la existencia de la problemática que estamos obligados a enfrentar. Se trata de no ignorar para evaluar objetivamente y no exagerar, ni menospreciar retos y circunstancias. ¿De qué otra forma se identifica y aprovechan a tiempo y al máximo las oportunidades?

Consecuentemente, es en verdad irresponsable y hasta criminal, ocultar la magnitud y complejidad de esa problemática que se padece, crece y dificulta, así como negarla, minimizarla o distorsionarla; y más, mucho más, insistir en asegurar y sostener que no pasa nada, que todo va bien y viene lo mejor.

Ofensivo y condenable también, es el inocultable uso y abuso de recursos públicos y atribuciones institucionales, para distracción, auto promoción y difusión de situaciones fantásticas e imaginarias que ni los mismos promotores y beneficiarios, creen y aceptan. Conocidos y repetidos, no aceptados y rechazados, costosas fotos, actos, discursos y boletines oficiales.

Indiscutiblemente hay quienes desde la cómoda perversidad sacan ventaja y provecho del infortunio, desgracia y sacrificios que afectan a las mayorías. Fortalecen y provocan pobreza y hambre, para después aprovecharse de ellas. Quiebran instituciones y empresas públicas, para privatizarlas y obtener beneficio de ello.

Así que, ante las mismas formas y estrategias, ante similares políticas y programas oficiales, tanto insuficientes y obsoletos como caros e ineficientes ¿es mucho pedir que se reconozcan problemas, se analicen y propongan soluciones? ¿No es inútil y perjudicial negarlos, cuando a muchos de ellos, tarde o temprano, las nuevas formas y tecnologías comunicativas y de acceso popular, las difunden casi global e instantáneamente? ¿No es mejor re conocer, enfrentar y proponer soluciones?

De ahí que hay que repetir e insistir en la urgencia de obligar a gobernantes, funcionarios y servidores públicos en general, a fortalecer el Estado de Derecho; asegurar credibilidad, confianza ciudadana y social; promover y apoyar eficiencia y buen desempeño gubernamental y combatir corrupción, delincuencia e impunidad; y mejorar seguridad, justicia y bienestar.

Hacerlo efectivo y cuanto antes, cumplir y hacer cumplir la ley; en verdad fiscalizar y evaluar oportuna y objetivamente el trabajo y actividad gubernamental de todo servidor público; y ejercer puntualmente derechos y libertades, cumplir obligaciones y responsabilidades.

¿Por qué dejar que irresponsables al desatender y no resolver problemas, los incrementen y compliquen?

Aquí no pasa nada, dicen y aseguran ineficientes y delincuentes en el gobierno. Para ellos, todo es cuestión de asegurar la continuidad de la complicidad, ya que ésta asegura, la permanencia de la impunidad.

¿En dónde están los recursos de las descomunales deudas públicas? ¿Por qué no se cumple con lo que la ley dispone? ¿En dónde están las inversiones productivas y las obras públicas que toda deuda pública debe ocasionar? ¿Y los cuantiosos presupuestos oficiales, a dónde van a parar?

Mientras tanto, imparables llegan las noticias. Bajan precios del petróleo. Sigue la presión cambiaria, de un dólar más caro. Crece la inflación y se pierde capacidad de compra. Continúa la insuficiencia o falta de empleos, salarios dignos y prestaciones mínimas.

Inocultable, aumentan pobreza y hambre, y persisten inseguridad y violencia.

Inaceptable, hace de las suyas, la deficiente administración pública y financiera en los diversos ámbitos de gobierno. Derroche, saqueo y desperdicio de recursos oficiales. Injustificado y abusivo crecimiento de la deuda pública. Claro, con más de lo mismo…y peor.

Atento aviso

Con la esperada comprensión de los amables lectores, ésta columna cambia de día, se distribuirá para su difusión a partir del jueves y no del miércoles como era usual. Gracias.

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