Por Armando Ortíz
06 de enero de 2015

Javier no podría ser relojero, porque para serlo necesitaría tener muy buen pulso y Javier Duarte, lo ha demostrado, tiene pulso de maraquero; Javier Duarte no podría ser cirujano, porque para serlo necesitaría tener mucho tacto y Javier Duarte tiene tacto de tortillera.

Dígame usted si no. Apenas empieza el año y el gobernador de Veracruz ya se encuentra nuevamente en las noticias nacionales, ya es otra vez burla en las redes sociales, que inmediatamente le sacan sus pifias pasadas. Y todo porque nuevamente se fue de la lengua y minimizó de mala manera el oficio de una persona que, aparte de dedicarse al taxi para buscar el sustento, brinda un servicio informativo a su comunidad.

Se le olvida al señor Javier Duarte que el periodismo es uno de los oficios peor pagados no sólo en el estado, sino en todo el país. Si uno quisiera vivir sólo del periodismo, nos moriríamos de hambre. Para poder vivir del periodismo tendríamos que ser como los lambiscones que en estos días ya se están dando vuelo hablando maravillas de los nuevos funcionarios que apenas este lunes por la tarde tomaron posesión. Pero esos tampoco viven del periodismo, viven de su labia, viven de regalar a los oídos de los tontos alabanzas que no merecen; viven de la abyección y de su servilismo.

Pero el periodista, el verdadero periodista, el que tiene muy claro el compromiso social que significa el manejo de la información, ese gana poco, muy poco, por lo mismo tiene que diversificar sus actividades y ya puede ser que al mismo tiempo que es periodista, también debe ser diseñador, editor, dar talleres de literatura a adultos mayores, fotógrafo de fiestas infantiles y bodas o quizá hasta corrector de estilo en tesis y en ocasiones hasta vender mole los domingos. Qué bueno sería que se pudiera vivir sólo del periodismo, pero el caso es que no se puede.

Por eso señor gobernador, no intente minimizar el trabajo de un informador, de un comunicador nada más porque no podemos vivir del oficio que nos rige, no intente jerarquizar a los periodistas tratando, como bien que lo hace el Día de la Libertad de Expresión, como próceres a unos y como bellacos a otros.

Sin embargo, aún si Moisés Sánchez Cerezo fuese un humilde taxista, o un activista social, como señala, ¿acaso no tiene derecho a todas las garantías de seguridad que su gobierno debería otorgar a cualquier ciudadano?

Un día en una conferencia sobre los riesgos de ejercer el periodismo en Veracruz una persona me preguntó si no estábamos peleando para que se dictara una ley que garantizara la seguridad de los periodistas. Lo que contesté a esa persona fue que no era necesaria esa ley, porque el periodismo es un oficio como cualquier otro y las leyes del país y de Veracruz deberían garantizar la seguridad de un trabajador de los medios de comunicación de la misma forma que lo hace con un obrero de una fábrica o un maestro, un médico, un panadero, un plomero, un albañil o también un taxista.

De modo que si se violenta la seguridad de una persona, si sufre una agresión o un secuestro, no debería anteponerse su oficio para que se atienda el reclamo de justicia. ¿Ya porque es un taxista es menos? ¿Ya porque no es uno de los periodistas que le rinden pleitesía, deja de ser importante?

Lo repito: Javier no podría ser relojero, porque para serlo necesitaría tener muy buen pulso y Javier Duarte, lo ha demostrado, tiene pulso de maraquero; Javier Duarte no podría ser cirujano, porque para serlo necesitaría tener mucho tacto y Javier Duarte tiene tacto de tortillera.

Más cuidado para la próxima, señor gobernador, y de paso apréndase esta sentencia bíblica: “Con cuán pequeño fuego se incendia tan grande bosque”.

Ya ve, por no cuidarse de la lengua ya anda otra vez en los noticieros nacionales y en las redes sociales. Acuérdese que ya no tiene al mismo bombero para que le apague el fuego, y el que se contrató no sabe ni como abrirle a un hidrante.

 

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