Por Armando Ortíz
09 de enero de 2015 

La relación del poder con los periodistas puede estudiarse a partir de la trayectoria de unos cuantos periodistas en México. Jacobo Zabludovski, soldado del PRI desde su trinchera de Televisa, es una muestra de cómo el poder corrompe al periodista, lo sumerge en la abyección y lo hace emerger en la redención.

Manuel Buendía es el ejemplo del periodista incómodo, al que fluye mucha información que más tarde compromete, somete y acomete. Manuel Buendía se sentía obligado a dar cauce a esa información aunque fuera comprometedora, buscando siempre la primicia. Educado en una escuela del periodismo que busca la verdad para ser revelada, Manuel Buendía murió por el compromiso que tenía con su verdad.

Julio Scherer es el ejemplo del periodista comprometido, del periodista congruente, consciente, combatiente. Como Julio Scherer, difícilmente se habrá de dar otro en este país. Le tocaron varias épocas que forjaron su carácter como periodista. El golpe que sufriera en Excélsior lo marcó de por vida. Algunos dicen que quedó resentido, otros piensan que a partir de ese momento aprendió a valorar a sus verdaderos amigos y al mismo tiempo aprendió a cuidarse de aquellos que se decían sus incondicionales. Dudó en algún momento de sí mismo. Vicente Leñero le dijo, cuando abandonaron la asamblea donde lo retiraron de la dirección de Excélsior: “Quizá abandonamos la asamblea antes de tiempo. Ya se coreaba tu apellido. En fin, no sé”. Scherer se sintió cobarde, creyó que no tenía el valor para enfrentar su destino.

Unos cuantos años después, cuando Scherer leyó Los periodistas, texto de Vicente Leñero donde don Julio es el eje central de la narración, se dio cuenta de los hechos desde la mirada del amigo, Scherer confiesa que recuperó la dignidad.

La historia del periodismo le da la razón. Este país necesita de Proceso, como necesita de todas las voces que se levantan para denunciar los excesos, los abusos, la corrupción y el cinismo de quienes nos gobiernan.

Scherer es también un ejemplo de la sobrevivencia de un medio que resulta incómodo al poder; Proceso es un medio de información que está siendo constantemente monitoreado por el gobierno federal y es precisamente porque el gobierno federal mantiene muy a fuerzas un convenio de publicidad con este medio informativo. Sin embargo, a pesar del riesgo que significa perder el convenio de publicidad, Proceso siempre ha mantenido su línea crítica.

Don Julio Scherer aguantó amenazas, presiones económicas y traiciones de algunos de sus colaboradores, como el caso de Carlos Marín, quien en algún momento se sintió con derechos de heredar la dirección de la revista, en el tiempo que don Julio se habría de retirar a otros proyectos periodísticos y literarios. Scherer no le dejó la dirección a Carlos Marín pues sabía muy bien la clase de ser humano que era. Otra vez el tiempo le dio la razón. Carlos Marín se ha convertido en un miasma hediondo de prepotencia, soberbia e indignidad; sólo sus iguales consideran periodista a este mercader de la mentira.

Muere Julio Scherer y con él se va toda una época gloriosa del periodismo. Que nadie busque ocupar su lugar. Es mejor que cada uno de nosotros encuentre su propio lugar, tomando como ejemplo la entereza, el valor, la dignidad, la congruencia y el compromiso social de un periodista cabal como don Julio Scherer García.

Descanse en paz.

 

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