Es memorable la entrevista que en agosto pasado hicieran al presidente Peña Nieto cinco escogidos entre los periodistas de elite, uno de los temas versó sobre la corrupción a la que calificó como un cáncer social que no es exclusivo de México, lo es, yo creo, que de todas las naciones, un tema casi humano que ha estado en la historia de la humanidad”. Es decir no protestemos mucho porque mientras haya un ser humano a los alrededores habrá corrupción. Denise Maerker señaló que da nada sirve que haya cada vez más dinero si todo lo maneja el gobierno con escasa transparencia. Pero quien puso el dedo en la llaga fue León Krauze; Yo me resisto, señor Presidente, a su lectura sobre el orden cultural de la corrupción. Yo vivo en Estados Unidos, allá hay 13 millones de mexicanos, si fuera un estado sería el segundo estado más grande del país, ¿qué pasa con esos mexicanos? Se detienen en los altos, pagan multas, pagan impuestos. No es así, yo creo que el problema es un asunto de sistema que viene francamente del partido que nos gobernó durante años en este país, y es un asunto de Estado de Derecho. La diferencia entre Noruega y Rusia, pensando en la Reforma Energética. La única diferencia es la corrupción. Rusia es una oligarquía dirigida por un autócrata, Noruega es un país vibrante; Noruega ocupa el quinto lugar en la transparencia, en el mundo, Rusia 127, México 106…“Para que al final de su gobierno no estemos en el 106 sino en el 60, ¿qué vamos a hacer?”. Peña Nieto contestó que la solución radica en sociedad y gobierno, aquella debe denunciar los hechos, aseveró. “Pero si yo denuncio, sale libre el responsable –insistió Krauze. Eran los días de gloria presidencial, después sobrevino Tlataya, Ayotzinapa, la licitación frustrada del tren a Querétaro, la Casita Blanca, el Grupo Higa—–