En México, en el universo de la política y de la administración pública, sobre todo, la corrupción se sublimiza a todos los niveles, con las honrosas excepciones en gran parte de las elite de mando, hasta los de orden operativo persiguen fines de lucro a costa del erario o de las canonjías que da el poder. Ahora se acostumbra a endilgar los actos de corrupción a la pertenencia partidista: el “alcalde o diputado perredista, o panista o priista” pero finalmente en todos se da el fenómeno porque la materia prima es el hombre culturizado en un contexto social en el que predomina la corrupción. El género tampoco libra al actor político, las féminas han demostrado que cojean del mismo pie, obviamente con las debidas excepciones. Por si alguien estuviera en desacuerdo con esta tesis se recomendaría sumergirse en nuestra realidad, en cuantas  a administraciones municipales encabezadas por mujeres, no es afirmación misógina, papelitos hablan.