Alfredo Bielma Villanueva
19 de enero de 2015

Una elección intermedia sirve como termómetro que mide las acciones de un gobierno a la mitad de su periodo constitucional, pero el resultado electoral no expresa necesariamente la opinión del ciudadano respecto de la administración pública, pues intervienen factores de toda índole: políticos, sociales, económicos y culturales; es decir, en la hipótesis, pudiera darse el caso que un mal gobierno obtenga, sin embargo, buenos resultados electorales para su partido.

El actual proceso electoral que concluye en la jornada del 7 de junio próximo, se celebra a la mitad del gobierno de Peña Nieto, cuyos dos primeros años fueron de vino y rosas, aunque en el otoño del segundo empezó su actual vía crucis, ¿las actuales circunstancias por las que atravieza el gobierno de la república operarán en contra del partido en el poder? Es dificil una respuesta categórica debido, como ya se apuntó, a la intervención de múltiples factores.

Pero con afán de aproximarnos a una respuesta plausible pudieramos empezar por señalar los factores que más pudieran influir en el resultado: a) La economía, cuyos parámetros no señalan nada bueno para este año, impedirá al gobierno federal implementar un buen número de programas ya anunciados en diferentes puntos de la república; el sobreprecio de las gasolinas, el encarecimiento de productos básicos, una inflación en ciernes por arriba de lo deseable; estancamiento en el sector de la construcción, pocos incentivos para el desarrollo del campo, etcétera, no dan lugar a formular pronósticos optimistas.

b) Los rezagos sociales, la desigualdad social, el desempleo, la inseguridad pública, podrían impactar en el ánimo del electorado y será materia prima para enriquecer los argumentos de la oposición. C) Diez partidos políticos con registro estarán en la arena electoral, de ellos sólo dos guardan perfil competitivo: el PRI y el PAN. En apariencia las condiciones sociopolíticas favorecen a la oposición, pero la profusión de fuerzas buscando el voto lo difuminarán, es decir, el voto opositor se pulverizará entre los partidos contendientes, esto favorecerá al PRI, que es el punto de referencia en la confrontación electoral por ser el partido en el gobierno.

Un elemento que no debe pasar desapercibido es el de los gobiernos estatales que tiene el PRI actualmente, el desempeño de sus gobiernos y la capacidad operativa de sus gobernadores cuenta en toda la línea. Hay un elemento adicional, el grado de compromiso y lealtad de los gobernadores, aunado a la capacidad operativa del PRI. Para explicar esto último nos auxilia la perspectiva histórica:

En la elección presidencial de 2006 Roberto Madrazo fue el candidato del PRI, cuando todos se ufanaban del regreso a Los Pinos; sin embargo, cuando el sueño terminó el PRI había sido relegado al tercer lugar de la votación y sólo obtuvo 106 diputados –65 de mayoría y 41 plurinominales– más los 17 del Verde Ecologista con el que formó la Alianza por México. El PAN obtuvo 206 diputados y la Coalición de izquierda 156. El Partido Nueva Alianza 9 y Alternativa Socialdemócrata 4. Hubo un diputado sin partido.

Aquella derrota evidenció que Roberto Madrazo no ganó en ningún Estado de la República, ni aún en los 17 en los que el PRI gobernaba; en el Estado de Veracruz, por cierto, la votación no fue de las mejores comparándola con el resto de las entidades federativas. Sobre este asunto, en su libro La mafia nos robó la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador señala que el entonces dirigente nacional del PAN, Manuel Espino, dijo en Colombia el 21 de febrero de 2007 que en 2006 había llegado a un acuerdo con 8 gobernadores priístas para ayudar a ganar al PAN. Eran los años de gloria para Elba Esther Gordillo quien sin renunciar al PRI fundó el Partido Nueva Alianza, que le servía de herramienta de presión e instrumento de negociación, pues inclinó su participación a favor del PAN.

En fin, Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador coincidieron al señalar que en esa elección existió complicidad y traición de algunos gobernadores priístas en contra de su partido; Madrazo atribuye su derrota a ésta circunstancia. En su diagnóstico reconoció que las relaciones entre el PRI y la sociedad mexicana debían replantearse: “Yo creo que el PRI, sobre todo después de la experiencia electoral de 2006, terminó un largo ciclo. Este PRI no encaja ya en nuestra sociedad. Tiene que proceder a una transformación profunda, muy profunda, porque no está dialogando con la sociedad. El partido y la sociedad están hablando de cosas distintas, hablan lenguajes diferentes. Tendría que volver a colocarse en sintonía con la sociedad”. (Un diagnóstico plenamente vigente 9 años después).

Por otro lado, los resultados de las elecciones intermedias de 2009 son reveladores: el PAN, siendo gobierno, perdió ante el PRI los gobiernos de San Luis y Querétaro, aunque Sonora fue para el PAN. El PRI, siendo oposición, obtuvo primer lugar en número de sufragios, el PAN, a pesar de ser gobierno o quizá por ello, pasó a segundo lugar y el PRD se fue al tercero cuando tres años antes fue el segundo. La revelación fue Nueva Alianza (un millón 164 mil 999 votos), muy cerca de los obtenidos por el PT (un millón 258 mil) y más votos que Convergencia (850 mil 777 votos).

Un gobernador que surgió al estrellato político electoral en ese 2009 fue el del Estado de México, Enrique Peña Nieto, quien logró recuperar para su partido el corredor azul: Naucalpan, Tlalnepantla, Cuautitlán Izcalli y hasta Toluca; quitó Metepec al PT y conservó Huixquilucan; además, desfondó el llamado pasillo amarillo: Ecatepec, Chalco, Valle de Chalco y Neza fueron para el PRI, y de ñapa ganó la mayoría absoluta en el Congreso que había estado repartido en tercios iguales. Los resultados finales de la elección de 2009 fueron: el PRI ganó 138 distritos y 50 adicionales en alianza con el PVEM, el PAN obtuvo 70, el PRD 39, y la coalición PT-Convergencia tres, mientras que Nueva Alianza, PSD y PVEM (solo) no lograron hacerse de ningún distrito.

Esos datos estadísticos servirán para pronosticar, no asegurar, resultados de la elección 2015. Aunque las variables son otras porque para empezar los gobernadores de 2009 ya no lo son en 2015. Caso concreto es el de nuestro estado, en donde el contexto sociopolítico diverge de aquel de 2009. ¿Cuántas curules podrá aportar el gobierno de Duarte de Ochoa al Congreso que debe apoyar a Peña Nieto? Pronto lo sabremos.

 

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