Por Aurelio Contreras Moreno
13 de enero de 2015 

El Partido Revolucionario Institucional llega al proceso electoral federal de este año en medio de una profunda división provocada por el autoritarismo del grupo enquistado en el poder en Veracruz.

El duartismo gobernante ha pasado por encima de todos los grupos priistas para hacer su voluntad, rompiendo con la ortodoxia de este partido en la que, para que prevalezca la unidad y la disciplina, se tienen que repartir los espacios y parcelas de poder; pero el engolosinamiento de los duartistas-fidelistas los hizo perder el piso y con tremenda soberbia han lastimado a todos los demás grupos en el estado, marginándolos de candidaturas y espacios dentro de la estructura gubernamental, y afectando premeditadamente los intereses de quienes aspiran legítimamente a un recambio en las estructuras de poder público.

Esto necesariamente tendrá consecuencias para el PRI y sus candidatos en los comicios del próximo 7 de julio, en los que se renovará la Cámara de Diputados federal y se someterá a una especie de referéndum el retorno del PRI a la Presidencia de la República.

Porque aun cuando la caballada pinta muy flaca en los partidos de oposición, el malestar existente dentro del propio PRI contra el duartismo-fidelismo hará que varios de los virtuales candidatos a las diputaciones federales estén en un serio peligro de perder en sus distritos.

Por ejemplo, aunque Elizabeth Morales es en teoría una de las cartas más fuertes que lanzará el PRI a hacer campaña, su paso por la alcaldía de Xalapa la desgastó sobremanera, tanto así que en un principio se resistió a ser postulada. Además, cuenta con la antipatía de los tres ex presidentes municipales anteriores de la capital del estado, quienes o no la apoyarán, como es el caso de Ricardo Ahued y David Velasco, o de plano le jugarán las contras para pagarle con la misma moneda de otros procesos electorales anteriores, afrenta que le tiene guardada Reynaldo Escobar.

En Córdoba andan por las mismas. El seguro abanderado priista será Marco Antonio Aguilar Yunes, ex secretario del Trabajo del duartismo, quien es una buena persona, pero está lejos de ser un buen candidato, y no contará con el apoyo del priismo cordobés que lo ve como una imposición, ya que ni siquiera dejaron llegar a la convención de delegados a Juan Lavín, quien fue grotescamente eliminado por la dirigencia priista por supuestamente no cumplir con los requisitos de la convocatoria para ser precandidato.

En varios distritos andan por las mismas. Los candidatos cargan con el resentimiento de varios líderes locales que no estarán dispuestos a trabajar por sus respectivas causas en campaña. O al menos, no de gratis.

Y por supuesto, la base de flotación del priismo quedó pulverizada tras el rompimiento de los senadores José Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa con el gobernador Javier Duarte de Ochoa tras la aprobación de la gubernatura de dos años, jugarreta política con la que se intenta decantar la sucesión en favor de uno de los miembros de la casta gobernante en la entidad, Alberto Silva –quien le dedicó su registro por la candidatura en Tuxpan a su patrón, para que a nadie le queden dudas de que es “el elegido”-, y que fracturó los equilibrios con los que se suele mantener la unidad dentro del Revolucionario Institucional.

No por nada el senador José Yunes Zorrilla declaró este pasado fin de semana que “el PRI no es de un solo hombre”, en clara alusión a las imposiciones y decisiones autoritarias con las que el duartismo-fidelismo pretende mantenerse en el poder, a costa de lo que sea.

Incluso, a costa del propio proyecto de Enrique Peña Nieto.

 

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