Por Ricardo Olivares Pineda
27 de enero de 2015

En política hay que sanear los males, jamás vengarlos

Napoleón III

Es común en nuestros días escuchar “no seas mentiroso, pareces político” y hemos atestiguado lo sucedido con líderes y gobernantes que han desprestigiando el objetivo de la política. Muchas personas consideran que la política no sirve para nada, que sólo privan en ella intereses y en gran parte, los partidos son responsables por la ideología que no practican, suplantándola por un pragmatismo férreo.

La política es el arte de gobernar, una vocación de servicio, es la más noble expresión del hombre que vive en sociedad, su propósito, el bien común; en otras palabras el objetivo de la política está en gobernar o dirigir la acción del Estado, en beneficio de la sociedad.

A través de la historia, este objetivo fundamental de servir a la gente, no se ha cumplido, sólo le ha servido a unos cuantos, olvidando sus compromisos, anteponiendo el interés particular, para mantener el poder.

En la antigüedad Aristóteles sostenía que la política busca el bien común y en la Edad Media, Maquiavelo sostuvo que su objetivo era la búsqueda del poder. Dicen algunos ideólogos que la política es idea y acción, la idea le da a la acción ruta; uno de los elementos importantes de la política es el discurso es decir la propuesta. El poder como dicen los ideólogos es una potestad, sirve para hacer cosas, el poder tiene diferentes manifestaciones, la jurisdicción, la creación de la ley y la aplicación de la ley.

Pero hay deformaciones de la política, como la llamada últimamente, la política del odio, del rencor; aquella que niega radicalmente al otro, que su objetivo es destruir física o simbólicamente, que rechaza cualquier diálogo o entendimiento. El desafío de nuestro tiempo es cómo enfrentarla, cada día crece y se fortalece en el mundo.

Conflicto, disidencia, distintas formas de pensar son normales en una sociedad viva, lo preocupante es, que estos elementos se conviertan en manifestaciones  bélicas sin ningún límite. El odio, el rencor, pueden ser las semillas para revivir el fascismo que tanto daño causó a la humanidad, lo vemos ya en algunas partes, la invasión de Estados Unidos a Irak, lo sucedido en Libia, los asesinatos por parte de Israel en la Franja de Gaza, y lo sucedido en Colombia y Centro América; en México el resultado son más de 100 mil muertos en los últimos 14 años.

Se estima que hace 50 años en el mundo, cada minuto moría una persona víctima de la violación a sus derechos humanos, hoy mueren una persona cada 20 segundos por las mismas causas. En Europa llámese Rusia, Reino Unido, Grecia surgen banderas de fanatismo religioso, diferencias étnicas, raciales y hasta de preferencias sexuales, esto se ha agudizado en los últimos años y el enfrentamiento y odio han cobrada fuerza. Enjuiciando el papel que desempeña el odio en la política, afirma Fischer que “el odio en general es mal consejero no tan sólo en política” en ocasiones dice, “hay un odio quizá justificado que nace por la ira provocada por la injusticia, la crueldad o el abuso del poder, pero existen canales legales y de diálogo para resolverlos”.

Lo ocurrido en Guerrero, en particular la desaparición de los estudiantes normalistas, es parte de lo sucedido durante muchos años en esa entidad, su situación geográfica ha favorecido un enorme retraso acumulado históricamente, grupos guerrilleros, cacicazgos y el fortalecimiento del crimen organizado, haciendo de Guerrero una de las regiones más pobres de México, abandonados por el Estado.

La política del odio y el rencor de años se ha recrudecido en estos últimos días, es urgente que regrese la verdadera política no la del odio, no hay otro camino para resolver el conflicto, el Gobierno, partidos políticos y sociedad en general, tienen ya que intervenir contundentemente. Esa es la Real Polítik