Por Tomás R. Domínguez Sánchez
28 de enero de 2015

Se sabe por experiencia eterna que todo hombre investido

de autoridad propende a abusar de ella, no deteniéndose

Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu

La frase de Montesquieu que utilizo como epígrafe es para referirme específicamente a los servidores públicos, que también en la vida diaria hay muchos y muchas que sin ser funcionarios son espantosos, y  reconozco que hay excepciones aunque son las menos, pero las hay.

Siempre he dicho que existe una terrible enfermedad que afecta a los seres humanos y que cuando se presenta causa obsesión, soberbia, prepotencia, corrupción y demencia, entre otros muchos males, esa enfermedad es el poder; se ha visto de manera recurrente que los contagiados por este virus de poderío jamás se han curado, y como en todos los males existen grados de infección, aquellos que se suben en una hoja de papel y se sienten súper poderosos, los que están subiditos en un ladrillo y se creen omnipotentes, y los que están en la cúpula de la escalera del servicio público, estos tipos son los enfermos terminales que ni con “chochitos” se curan.

Lo aborrecible de estos tipos es la forma en que se conducen, los de la cúspide, los que están hasta arriba, como el Presidente de la República, algunos servidores públicos federales del poder judicial, los gobernadores, los senadores, los diputados federales y estatales sin olvidar a los presidentes municipales, que hablando de estos últimos, son los que están subidos en un ladrillo y se creen muy pudientes con su migaja de poder; lo que tienen en común todos estos especímenes, aparte del mal que a todos aqueja, es que todos gozan de cierta inmunidad, del famoso fuero constitucional que es una protección especial que reciben estos funcionarios por la alta responsabilidad que desempeñan.

Este beneficio constitucional del que gozan algunos de ellos está enfocada en concreto a los procesos penales, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, nuestra Ley Suprema, describe en su artículo 111 que para proceder penalmente contra los funcionarios que ahí mismo describe se tiene que solicitar a la cámara de diputados una declaración de procedencia y son los diputados los que deciden si se puede o no proceder contra el inculpado; en el ámbito estatal, aquí en Veracruz, también tenemos el fuero constitucional consagrado en el artículo 78 de la Constitución Política del Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave, y establece algo similar a la Ley Suprema, dice que para proceder penalmente contra los servidores públicos estatales se necesita una declaración de procedencia misma que debe aprobar las dos terceras partes de los integrantes de la Legislatura en funciones para que el funcionario inculpado en la comisión de algún delito durante el periodo de su encargo sea separado del mismo, a fin de garantizar la correcta aplicación de la ley.

La justificación de la existencia del fuero tiene que ver con la continuidad de las actividades de los funcionarios, es decir, que se instauró con el único propósito de protección de las acciones burocráticas y no romper con el desarrollo de la planeación, pero como en México todo se toma a conveniencia propia, este beneficio es mal empleado porque bajo el amparo que brinda se cometen delitos de toda índole, ejemplos claros en nuestro estado tenemos a la ex alcaldesa de Alvarado, Veracruz, acusada por el homicidio de su secretario particular; el terrible homicidio del periodista y activista Moisés Sánchez que, de acuerdo con la declaración de Clemente Noé Rodríguez, fue ordenado por el alcalde de Medellín de Bravo, Veracruz, de extracción panista Omar Cruz.

El fuero o inmunidad constitucional lo único que propicia es la impunidad y corrupción porque todos los burócratas que gozan de este beneficio legal se dedican a hacer cada bestialidad de las que hemos sido testigos; también propicia el tortuguismo en los procesos, porque para poderlos procesar se debe seguir un riguroso y estricto orden en las actuaciones de las autoridades. El fuero constitucional esta putrefacto porque lo han infectado con delitos, con corrupción, con arrogancia. Lo correcto y sensato es desaparecer tal inmunidad para tratar de llegar a una igualdad relativa, que las leyes tanto presumen y que por ningún lado está.

 

 

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