Tomás R. Domínguez Sánchez
15 de enero de 2015

Todos los habitantes de este hermoso país llamado México sabemos que la situación actual que vivimos es devastadora, la clase política es cada día más descarada y cínica porque se dedican a despilfarrar recursos públicos y hacer negocios en lo “oscurito” para que después salgan a la luz sus extremos gustos, como casas de millones y millones de pesos, automóviles importados de súper lujo y demás cosas que podemos ir agregando a la lista. La clase social es cada día más luchadora y valiente, ya denuncia los abusos que cometen los servidores públicos y ya levanta la voz en defensa propia. El Gobierno ha perdido la capacidad para garantizar el pleno estado de derecho que tanto refieren, algo está roto, algo hizo el Estado para merecer el castigo de la sociedad, y es un castigo porque en las manifestaciones hay desde la toma de calles, avenidas, autopistas, edificios públicos, hasta pinta de paredes, daños y policías heridos.

Lo peor de esta grave situación que aqueja a la Nación, es que siempre sacan el as bajo la manga para tratar de quitar la atención a los problemas centrales, se les ocurre desde una noticia positiva impactante como la aparición de alguna persona secuestrada y la detención de una importante banda de delincuentes, hasta una iniciativa de ley hecha al vapor, que por citar sólo una, aquí en Veracruz la eliminación del impuesto de la tenencia, que más que un apoyo a la economía del estado, es una acción electorera con miras al proceso federal del próximo año y por supuesto es sin duda la antesala para un nuevo impuesto que no tardará en entrar en vigor, y por todas estas “estrategias gubernamentales” la sociedad se harta, se cansa y explota en tremendos reclamos y expresiones de descontento generalizado exigiendo la renuncia del titular del ejecutivo federal, responsable del bienestar del país.

Ahora bien, la aclamada renuncia del Presidente de la República sería la decisión más congruente y madura que podría hacer en todo lo que va de su terrible periodo, tal como lo hicieron, en el año de 1913, el entonces Presidente de la República Francisco I. Madero y el Vicepresidente José María Pino Suarez quienes tuvieron que renunciar a la fuerza por la difícil situación que predominaba en el país y el texto que presentaron decía: “Ciudadanos Secretarios de la Honorable Cámara de Diputados: en vista de los acontecimientos que se han desarrollado de ayer acá en la Nación, y para mayor tranquilidad de ella, hacemos formal renuncia de nuestros cargos de Presidente y vicepresidente, respectivamente, para los que fuimos elegidos. Protestamos lo necesario. México 19 de febrero de 1913. Francisco I. Madero. José María Pino Suarez.” Sin duda alguna que la renuncia del actual titular del Ejecutivo deberá contener el mismo mensaje, aumentándole, por supuesto, algo así como: “El fracaso de las instituciones que he dirigido es notorio, es por ello que me declaro incompetente para seguir desempeñando el cargo de Presidente de la República”.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que es nuestra ley máxima y por encima de ella no hay ley alguna, salvo el comportamiento de algunos políticos, esos sí que están por encima de ella, contempla la dimisión del Ejecutivo Federal, en su artículo 86 que dice de manera concreta que el cargo de Presidente de la República es renunciable, sólo por causa grave que el Congreso de la Unión calificara, y es ante ese órgano debe presentarse la renuncia, en mi humilde opinión, considero que la matanza de estudiantes, la inseguridad que predomina en la mayor parte del territorio, la terrible crisis económica que tiene en pobreza extrema a millones de mexicanos, el descrédito por el que atraviesan las instituciones gubernamentales y la ausencia del estado de derecho, son causa grave que la misma Constitución Federal contempla y que una muestra de voluntad para restaurar el estado de derecho debe ser, precisamente, la renuncia del Presidente de la República.

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