Cuánta razón asiste a quienes aseguran que quien detenta poder sufre de soledad, a pesar que  lo rodea como enjambre de abejas en torno del panal un gran séquito, compuesto por individuos más motivados por el interés personal que por amistad, lo que da como resultado una paradójica soledad al del poder, ya que no lo acompaña la solidaridad ni el compromiso en el cumplimiento de las obligaciones que la responsabilidad pública impone. Esa es la percepción que sugiere el observar al titular del ejecutivo estatal cuando busca restañar las heridas infringidas al amor propio y dignidad de los empresarios, a causa de los traspiés de colaboradores irresponsables, que no cuidan sus espaldas atendiendo como debe ser la responsabilidad que les ha sido conferida.