Ahora que la legisladora por el puerto jarocho, Anilú Ingram decidió darse un chapulinazo le salieron trapitos al sol que la dejan muy mal parada ante sus potenciales electores a quienes en su campaña para diputada local aseguró que cumpliría los tres años de su gestión como legisladora local. El compromiso fue registrado con la fe de notario público de la ciudad de Veracruz: “Hago el compromiso ante ustedes los ciudadanos que, de contar con su preferencia y su voto este 7 de julio, yo, Anilú Ingram, trabajaré los 1,097 días como su representante en el Congreso. Voy a cumplir íntegramente con mi mandato”. El caso despierta curiosidad por saber qué argumentos va a esgrimir la señora para explicarle a sus conciudadanos su tendencia al trapecio electoral. De verdad, será interesante escuchar su discurso buscando el voto porque se trata de una dama recién incorporada al carruaje político y llama la atención que en tan poco tiempo haya adoptado las viejas mañas de la política marrullera. En su tiempo ya lo hizo Carolina Gudiño, pero ésta al menos no prometió evadir las prácticas del chapulín. En esto hay provecho para la ciencia política pues encuentra oportunidad de comprobar que en nuestro subdesarrollo político el género no define actitudes ni vicios de conducta (corrupción, chapulinismo, mentiras, engaños), sólo las matiza con perfume de mujer.