Quienes, cansados de la ineficiencia del gobierno para combatir al crimen organizado en Michoacán, hastiados de ser víctimas de las acechanzas contra esposas e hijas, levantaron la voz y con las armas en la mano gritaron un ¡Ya basta! ahora se encuentran tras las rejas. Mireles, Mora y “El Americano” expusieron sus vidas y la de sus familiares porque era mejor morir que vivir arrodillados, una osadía que en nuestro Sistema están pagando con cárcel. Paradójicamente, el criminal más buscado en tierras del Tata Lázaro, La Tuta, prosigue en libertad; este es un expediente que pesa y gravitará en contra de la gestión de un Comisionado que, llegado para imponer orden y paz, camina en sentido contrario al propósito que le dio razón de ser.