Dora María Hernández Guevara
06 de diciembre de 2015

2014 fue un año marcado por sucesos como fueron las reformas a las leyes que con todo y su polémica finalmente se decretaron, otros más como fueron las manifestaciones, la represión, la violencia, la muerte. Los hubo positivos, no me cabe duda, pero éstos quedaron nublados entre una especie de humo, porque sobresalen los que impactan y que mueven a los sentimientos del pueblo.

En el transcurso del segundo semestre del año 2014, un hecho de gran impacto quedó marcado con mayor negrura. Hasta ahora una herida abierta para 43 familias mexicanas, y un sentimiento de dolor e impotencia solidarios para los que se han conmovidos por la terrible historia. 43 familias que claman justicia como tantas otras en el país. Todos –o casi todos– en México conocemos esta historia de horror en la que la noche del 26 de septiembre y la madrugada del día 27, unos jóvenes estudiantes normalistas de Ayotzinapa perdieron la vida y otros 43 desaparecieron, un hecho terrible que evidenció ante el mundo el debilitamiento de las instituciones en México.

¿Y qué de las reformas casi vociferadas con acompañamiento de bombos y platillos? No veo claro sus beneficios. Es natural y entendemos que no se sentirán los resultados a corto plazo. Sin embargo; si se puede hacer inferencias a través de los indicadores para saber si éstas llevan la dirección correcta. Y yo sigo en la misma retórica, la propia, la que alcanzo a comprender como ciudadana que lee y escucha las diferentes opiniones de expertos a favor y los que están en contra, pero que percibe, que intuye y que siente que estas reformas tan aclamadas mediáticamente por el ejecutivo, no serán del todo tan buenas para los ciudadanos de México, a los que se les da como siempre bálsamos en lugar de medicinas curativas.

La reforma energética. La de mayor impacto y a la que le veo “dos caras”, por un lado abre los recursos energéticos a la inversión privada, pero deja ir una gran parte de las ganancias al extranjero con el uso y aprovechamiento de nuestros recursos. Además habrá daño al medio ambiente y requerimientos mayúsculos del recurso agua, agregando para colmo su muy posible contaminación. En algunos casos esta tenderá a ser concesionada a esas empresas que la requerirán a mayor escala. Hay un aspecto muy lúgubre que a largo plazo impactará severamente al medio ambiente y por ende la salud y la economía de los mexicanos.

La reforma en materia de telecomunicaciones y radiodifusión. No veo la sana competencia entre las empresas, noto un sesgo para favorecer a una empresa más que a  otra.

La reforma hacendaria. No es justa la recaudación entre los ya cautivos y los que no lo son, y en las medidas para incentivar la formalidad no se notan los avances.

La reforma laboral. Se quedó corta, porque no soluciona las grandes necesidades de empleo cuando estos no crecen hacia empleos permanentes, siguen las cifras de “creación de empleos” pero son temporales.

La reforma educativa. Siempre he admirado a esos países que tienen una educación de calidad y tuve la expectativa que la reforma educativa estuviese dirigida a eso, sin embargo fue más hacia lo laboral, los aspectos de calidad son someros, éstos se quedan cortos, escasos diría yo. La calidad no sólo implica contar con maestros capacitados, sino el tener espacios, herramientas de calidad, mucho más.

Hubo más reformas, que han quedado no sólo opacadas por los acontecimientos terribles que estamos viviendo en México, sino porque aún hay dudas respecto a sus impactos positivos, que vendrían siendo un desarrollo económico paralelo a un desarrollo social y disminución de la pobreza. ¡Qué año! Ha sido una vorágine de historias anegadas entre reformas, inconformidad, violencia, muerte, desapariciones e ingobernabilidad.

Mientras persista una enfermedad que pudre, que daña profundamente a México y que se llama corrupción, no veo un futuro alentador, persistirá el caldo de cultivo que nutre la delincuencia y otros males.

El caso Ayotzinapa detonó bajo este escenario, dónde se dio prioridad a las reformas y a su difusión mediática y se desatendió la parte social. Y para colmo no se dio uno de los compromisos de campaña que en la lista ocupaba el primer lugar “Crear la Comisión Nacional Anticorrupción”.

Basada en mis investigaciones, uno de los males más dañinos que ha persistido y que va en aumento en México es la corrupción,  y esta es favorecida por la impunidad. ¿Qué se debe atender en lo que queda del sexenio? Yo considero –para empezar– que al haberse aprobado las reformas a las leyes,  es primordial que el Presidente Enrique Peña Nieto, tenga la disposición y entereza y además el valor de encauzar la política y sus acciones de manera congruente, debe cabildear con inteligencia, y debe vigilar se aplique al cien por ciento la Ley y no sea letra muerta, de tal manera que sostenga y sustente los mecanismos de indagatorias y auditorias efectivas que deslinden o finquen responsabilidades y establezcan las penas a quién resulte omiso o responsable, así sea su tío, pariente o amigo. Una institución autónoma que no dependa del gobierno y firmemente vinculada con las instituciones de derechos humanos para garantizar que los procedimientos se ejecuten al amparo de ese marco. Una institución independiente y ciudadana que garantice la justicia, la legalidad, imparcialidad, y la protección y seguridad de los sujetos a revisión y sus integrantes. Hay que tener en cuenta que no se puede ser juez y parte.

Dos años de escaso avance repercutirán sin duda en el futuro, y por último estimados amigas y amigos: aprovechando este valioso espacio, les deseo a todos que puedan superar los problemas que se les presenten este año 2015, espero que en sus vidas personales logren salir adelante. Y quedo en la expectativa que pronto esos padres que han perdido a sus hijos reciban pronto una noticia alentadora, porque: Mientras prevalezca la vida la esperanza no morirá.

De ciudadana a ciudadanos, su amiga Dora María Hernández Guevara.