Martín Quitano Martínez
5 de enero de 2015

En esta vida hay que morir varias veces para después renacer.

Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra.

Eugenio Trias (1942-?) Filósofo español

 

Salimos del 2014 marcados profundamente por la desazón, el miedo, el hartazgo, la violencia, el grito, la consigna en las calles forjada con el cansancio de la impunidad y la corrupción, por la pestilente resaca de las reformas montadas en el gatopardismo de la cínica clase política que se ufanaba de su experiencia para darnos más y peor de lo que hemos padecido tanto, al construir en el sentir social la aceptación mayoritaria de que una “normalidad del ejercicio público” es que gobiernos y poderes promuevan sólo sus intereses personales o facciosos.

En el horizonte del 2015 existen fuertes nubarrones provocados por la notable resistencia de los grupos que detentan el poder para entender, asumir y actuar en consecuencia ante las complicadas condiciones en los que se vive la cotidianeidad de nuestra sociedad. Para ellos no importa que tan descompuesta esté la convivencia social o estancado su desarrollo, las cosas seguirán igual porque así les conviene.

En los ejercicios de gobierno de todos los niveles, donde campea la estupidez y la ambición, de la incapacidad se pasa a la complicidad, al encubrimiento de las señalables prácticas de omisión y opacidad, abonando a la derrota de las instituciones que en lugar de desarrollar cabalmente sus funciones, son ocupadas para delinquir, siendo sujetas de la descalificación y el descrédito de una sociedad para la cual el ejercicio público es esa actividad donde se construyen fortunas y se lastima a las mayorías.

La arquitectura institucional, toda ella, se encuentra en condiciones críticas; el entramado sobre el que se sostienen nuestras instituciones merece el acoso de la desconfianza mayoritaria, por lo que se requieren nuevas construcciones que vayan siendo edificadas sobre cimientos claros de voluntades políticas que puedan ser palpables y aseguren su credibilidad.

En este año de elecciones, cabría una pregunta ingenua: ¿los candidatos de todos los partidos se atreverán a proponer compromisos novedosos o se ceñirán al contenido de siempre, con las sabidas mentiras electorales, aspirando en su interior a que nada cambie, a reproducir los vicios que les han sido tan benéficos, derrotando el modelo de la política como ejercicio que solventa las contradicciones y favorece la vida en sociedad.

Qué harán además de apostar a la desmemoria social, a la complicidad de las condiciones de ignorancia y pobreza, al manejo discrecional y ofensivo de recursos. Serán nuevamente cínicos, apostando por lo único que han sabido hacer bien, que es pervertir la acción política y social, ajustar sus quehaceres a los marcos en los que se mueven con solvencia y es ese donde todo está permitido y todo lo que se pueda comprar es barato; le apuestan a que lo volverán hacer.

¿La crisis? esa podrá esperar, en sus agendas nada traen de propuestas serias, nadie hablará concretamente de seguridad, justicia, nadie pondrá a discusión el modelo económico que nos empobrece, nada sobre la transparencia y la rendición de cuentas, ¡horror!, nadie sobre el medio ambiente y los graves deterioros que nos postran a buenos y malos. La apuesta es que lo volverán a hacer y a nosotros nos toca dejarlos nuevamente pasar o no.

 

 

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

5 mil millones de “colchón” para emergencias, elección federal a la vista.

 

Contacto:

mquim1962@nullhotmail.com