Por Aurelio Contreras Moreno

29 de enero de 2015

Miserablemente, la inclusión de las candidaturas independientes contenida en la última reforma electoral, así como el otorgamiento del registro a nuevos partidos dizque emergentes, ha servido, hasta ahora, para la chunga y el mayor descrédito de la política.

Las candidaturas independientes, un reclamo largamente hecho por la sociedad civil para ciudadanizar la política y la toma de decisiones en México, se convirtieron en botín de los políticos de siempre, desplazados de los partidos tradicionales, que se colocaron el disfraz de ciudadanos de a pie; o bien en ridiculeces como la postulación de payasos a cargos de elección popular, en sentido literal y figurado, como es el caso de “Lagrimita” en Guadalajara.

Por el mismo camino andan muchos de los partiditos, que con tal de allegarse votos, quieren lanzar como abanderados a alcaldías y diputaciones a deportistas en decadencia, cantantes pasados de moda o actores sin gracia.

Vacíos, partidos y aspirantes a un “hueso” contribuyen, muchos con enorme dolo, a alimentar la animadversión de la sociedad mexicana contra la política y quienes hacen de ésta un circo. ¿Quién puede tomar en serio a Cuauhtémoc Blanco como candidato? Si en un hipotético caso llegara a ganar una alcaldía –en México todo es posible–, ¿cómo gobernaría? ¿A patadas? ¿Desde una cantina? ¿La “Nacha Plus” sería la presidenta del DIF municipal?

Y no es que los políticos tradicionales se comporten mejor, pero se supone que el propósito de la apertura de las candidaturas a la sociedad civil era refrescar la política, salir del círculo vicioso en el que los cargos de representación popular los ocupan los mismos integrantes de un mafioso círculo vicioso.

Pero la partidocracia no está dispuesta a perder sus fueros y privilegios. Y menos aún, la que está enquistada en el partido más dinosáurico de todos, el PRI, principal beneficiado con esta estrategia de desacreditación del ejercicio de la política y la democracia electoral.

Porque no hay que ser sabio para percatarse de que si un buen porcentaje de los electores vota por este tipo de candidatos, arlequines desvergonzados, o bien, si ante la vacuidad de opciones simplemente mejor se abstiene de ir a las urnas, el beneficiado es el Revolucionario Institucional. Un escenario de pulverización del voto o de alto abstencionismo es el ideal para el priismo, que con mover a su estructura cautiva le puede bastar para ganar elecciones poco competidas.

A ello hay que sumar que en los demás partidos tampoco hay mucha tela de dónde cortar. La gran tragedia de la política partidista en México es que todos se han mimetizado, es verdaderamente difícil diferenciar entre los integrantes de un partido y otro. En todos recurren a las mismas trampas. En todos destacan cada vez más las mismas miserias.

La expectativa para los comicios de este año es verdaderamente desalentadora.

 

Mentiroso, mentiroso

 

En tres días, la Fiscalía General del Estado “confirmó” la identidad de los restos que atribuye al periodista comunitario Moisés Sánchez Cerezo, que de acuerdo con su propio anuncio, “encontró” la noche del sábado pasado.

Sólo que científicamente, es imposible tener resultados de una prueba de ADN en tan poco tiempo. Se necesitan al menos unos 20 días para ello.

Así que, o se miente ahora y a la fuerza se pretende atribuir a Moisés unos restos que no son los suyos, o se mintió antes, y era suyo el cadáver encontrado hace semanas, lo que la Fiscalía, en su momento, negó.

En ambos casos, comete una monumental felonía.

 

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