1 Prensa
Por Carlos Omar Barranco Aguirre.

Lo confieso. En Veracruz da miedo hacer periodismo. Se te pone la carne de gallina. Piensas ¿y si se enoja el alcalde? ¿o el secretario? ¿o el gobernador?

O peor aún, si se molesta el jefe de la Policía, o el jefe mafioso que no muestra su rostro a la luz, pero te observa desde su rincón, poderoso, intocable, mortal.

¿Cómo saber qué tipo de información va a incomodar a un poderoso?

¿Vale la pena desnudar la corrupción en que incurren los políticos, en aras de bien informar a la sociedad?

¿Vale la pena?

En medio de esta selva exuberante, metido en estos montes, estos caminos serpenteantes.

¿Vale la pena?

¿Vale la pena pelear con la palabra por delante, honesta, transparente, incorrupta?

Jamás como ahora, caer en la tentación de aceptar favores o dinero, fue una condición tan urgente de rechazar en estas tierras.

Y quizás sea este el tiempo en el que más comunicadores desfilan por las oficinas de Comunicación Social para recibir su mesada.

Qué panorama tan cabrón.

O te matan de hambre, porque casi ningún medio puede sobrevivir si no tiene un convenio con gobierno…está en chino mandar a Ejecutivos de Ventas a ofrecer publicidad a empresas, que de entrada, no creen en lo que publica el periódico.

‘¿Cuántos ejemplares vendes?’ preguntarán, desconfiados.

O te matan de verdad, porque los temas fuertes –de necesaria difusión- siempre topan donde mismo: políticos corruptos, corruptísimos, y delincuencia organizada, gobernantes coludidos y matones a sueldo, narcos, secuestradores, asesinos, etcétera.

La comunicación social en Veracruz sólo sirve para cuidar al gobierno.

Si en los noticieros de televisión (target estratégico para mantener a los veracruzanos controlados y contener así la protesta social) se difunde un caso de falta de atención médica, corren para llevarle la ambulancia o la silla de ruedas al necesitado, y se aseguran que salga en la pantalla de la televisión el funcionarete entregando el apoyo.

Igual si se trata de un operativo de Protección Civil.

Entra en llamada telefónica al noticiero la secretaria Nohemí, y al día siguiente, está el delgado filo de su sonrisa, en las primeras planas.

Viva Veracruz y su política de desastres naturales, para jalar más recursos federales que nos ayuden a sobrellevar la quiebra financiera, producto del despilfarro indecente y la corrupción galopante.

Que se publique un reportaje crítico, arriesgado, que por su propio contenido sea obvio que puede mover intereses, que puede ser riesgoso para quien lo firma, no, eso no es importante para quienes administran la comunicación social.

Ni siquiera le importa a la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas.

Si lo matan o lo secuestran, ni modo, para que anda escribiendo a lo loco.

Además la CEAPP solo actúa con denuncia previa.

Tremendo sinsentido en un estado donde los Ministerios Públicos son tan manejables y corruptibles, como quedó demostrado en el desaseado proceso contra la periodista María Josefina Gamboa Torales.

No. El Estado no protege al periodista crítico. Lo abandona. Lo exilia. Lo mata.

Quizás porque en primer término, no lo respeta.

-‘Es Barranco, no te preocupes, dale quinientos pesos y con eso deja de estar chingando’, sería la conseja de un político a otro, al verse ‘cuestionado’ por el reportero.

Es urgente aguantar el hambre.

Imprescindible soportar el salario mísero de las empresas dedicadas a este negocio.

Si, es eso, un negocio.

Y aunque somos bastantes los que nos dedicamos a esto, no son muchos los que pueden hacerlo bien.

Abundan las revistas políticas, los semanarios, incluso los periódicos de edición diaria, dedicados exclusivamente a lisonjear a los funcionarios.

Lo hacen por el dinero. Está mal, pero así es. Esa es la verdad, que no peca, y tampoco incomoda.

Y ahí está el círculo vicioso que se convierte, para los que conservan el valor de hacer un periodismo de verdad, en una apuesta fatal.

A algunos políticos les molesta que los periodistas cuestionen.

O quisieran que sólo cuestionaran los temas que a ellos les interesa.

Se enojan cuando publicas algo que no les agrada y tratan de corregirte o intimidarte.

Pero si hiciste la tarea, siempre podrás contestar: revise usted la nota y dígame qué parte de lo que dice, es mentira.

El objetivo del periodismo es buscar la verdad.

Debe ser este oficio un reflejo de la realidad. Llana. Veraz. Objetiva.

Sí, a veces, cuando veo lo que le pasó a Moisés Sánchez Cerezo en Medellín, me da miedo seguir.

No encuentro otra explicación, más que mi propia cobardía.

@COBArranco

LCC Carlos Omar Barranco
Periodista