Por José Miguel Naranjo Ramírez
29 de enero de 2015
El complot mongol

La novela policiaca ha sido un género poco desarrollado en Latinoamérica, los escritores más importantes del género regularmente son ingleses o estadunidenses, ejemplo de ello son los escritores Arthur Conan Doyle o Edgar Allan Poe, respectivamente. Sin embargo, el que poco se cultive la novela detectivesca en nuestras tierras, no significa que no existan algunas obras maestras por leer. Tal es el caso de la novela El complot mongol, escrita por el gran escritor mexicano Rafael Bernal, de quien estamos festejando el centenario de su nacimiento.

Rafael Bernal en considerado el iniciador de la novela policíaca en Latinoamérica, en el año de 1946 publicó Tres novelas policiacas, pero la novela donde logró consagrarse como un experto y exquisito narrador del género, es con la obra El complot mongol, publicada en 1969. Es una novela que te mantiene entretenido, interesado e intrigado, de principio a fin, al momento de la lectura, Bernal logra involucrarte en la historia y como toda investigación detectivesca, ya no te detienes hasta conocer el final.

Todo la historia se desarrolla en la ciudad de México, en un plazo de tres días: “No faltan en la novela ninguno de los elementos del thriller: el investigador duro, hábil con la pistola y los puños; orientales misteriosos e inescrutables; la intervención de investigadores de las potencias hegemónicas; la muchacha bella en apuros; persecuciones, muertes y un final sorpresivo. Y todo dentro de un logrado ambiente opresivo en una ciudad de México cuyos caminos parecen dirigirse implacablemente hacia el Barrio Chino, la calle de Dolores.”

La novela inicia narrando la vida de un policía al servicio del sistema político en el poder (en esos años único, poderoso y autoritario). Su nombre era Filiberto García, un hombre de aproximadamente 60 años de edad, practicó, rudo, decidido, y con una frialdad en sus actos espantosa, siempre que el gobierno tenía alguna piedra en el zapato, sólo acudía a su hombre de confianza y se hacía lo que se tenía que hacer, es por ello que Filiberto se burlaba de la ley: “La ley es una de esas cosas que está allí para los pendejos.”

El Coronel que había citado a Filiberto le estaba planteando un asunto muy delicado que tenía que investigar, era un asunto de Estado e incluso si las cosas salían mal hasta una guerra mundial se podía desatar. “–En algunas ocasiones ha trabajado con el FBI. Por cierto no lo quieren y no les va a gustar que lo destaque para este trabajo. Pero se aguantan. Y no quiero que tenga disgusto con ellos. Tienen que trabajar juntos. Es una orden. ¿Entendido? –Sí, mi Coronel. – Y no quiero escándalos ni muertes que no sean estrictamente necesarias. – ¡Pinche Coronel! No quiero muertes, pero bien que me manda a llamar a mí. Para eso me mandan a llamar siempre, porque quieren muertos, pero también quieren tener las manos muy limpiecitas.”

El Coronel le dijo a Filiberto que pronto llegaría su superior para explicarle en que consistía la investigación, fue así como llegó puntualmente el señor Del Valle y después del saludo y las presentaciones de costumbres, el señor Del Valle le explicó a Filiberto lo siguiente:

“El caso es éste. Un alto funcionario de la Embajada Rusa se ha acercado a nosotros y nos ha contado una historia extraña. Tome usted en cuenta que los rusos no acostumbran contar cosas, sean extrañas o no. Por eso lo hemos oído con cuidado. Según la Embajada Rusa, el Servicio Secreto de la Unión Soviética se enteró, hará unas tres semanas, cuando se empezó a planear la visita del Presidente de los Estados Unidos a México de que en China Comunista, esto es, en la República Popular China, se planeaba un atentado en contra de él, aprovechando esta visita. Nos informan que el rumor se captó por primera vez en la Mongolia Exterior. Posteriormente, hará diez días, se volvió a captar en Hong Kong y se supo, parece que en fuentes fidedignas, que habían pasado por esa Colonia Británica, rumbo a América, tres terroristas al servicio de China.

–Esta mañana los rusos nos informaron de algo más. Parece ser que los terroristas tienen órdenes de entrar en contacto aquí en México con algún chino que es agente del Gobierno del Presidente Mao Tse Tung. Aquí se les dará el material que piensan utilizar en su fechoría, ya que sería peligroso tratar de pasarlo por la frontera. ¿Ha entendido? –Sí. –Pues bien, señor García, tenemos que saber si existe ese chino en México y si ese rumor del complot es cierto, y tenemos tres días para averiguarlo.”

Sobre el rumor antes explicado empieza la verdadera trama y drama de la novela, Filiberto vivía en el Barrio Chino, tenía buena amistad con ellos, y por si fuera poco estaba obsesionado con Martita, una china a la cual le traía demasiadas ganas, porque además de guapa, Filiberto seguido decía que estaba “muy buena”.

Horas después de la entrevista donde recibió la orden del trabajo a realizar, Filiberto tuvo que asesinar a dos que ya lo esperaban en su departamento, al otro día se reunió con los comisionados del FBI y los Rusos, para coordinar los trabajos detectivescos. La novela está llena de suspenso, intrigas, muertes, violencia, algo de sensualidad, los diálogos son tal y como normalmente se dan en este tipo de ambiente.

Mi estimado lector, uno de los mensajes centrales de la novela es realizar una fuerte crítica política y social, contra un  sistema político autoritario, corrupto, donde la ley nunca rige en este país. Rafael Bernal nos enseña que por encima de la ley está la ambición del poder, y si hay que matar para llegar a él, se hace. ¿Algo ha cambiado?

Contacto: miguel_naranjo@nullhotmail.com