Por José Miguel Naranjo Ramírez
22 de enero de 2015

Su nombre era muerte

Rafael Bernal (1915-1972) es uno de los grandes escritores mexicanos que en éste año se cumplirá el centenario de su natalicio. Bernal es considerado pionero de la novela policiaca en Latinoamérica, fue un viajero incansable, diplomático, defensor ferviente de la fe católica, al extremo de: “ser encarcelado por encapuchar la estatua de Benito Juárez, en la alameda central de la ciudad de México”. A raíz de éste hecho el entonces Presidente Miguel Alemán, decretó el 21 de marzo como fiesta nacional, todo esto y mucho más representa la figura del conmemorado escritor.

La pluma de Rafael Bernal siempre mantuvo un espíritu crítico, su fe religiosa no lo limitó, al contrario, lo ayudó a crear desde su visión la teoría de la libertad, y a pesar del pesimismo con el que describe las acciones de los hombres, Bernal plantea que el Yo necesita del Otro, y lo único que puede hacer mejor las relaciones entre los humanos, es el amor.

La novela con la que iniciamos los festejos del gran escritor se titula: Su nombre era muerte, publicada en el año de 1947. Es una obra magistral, en la cual Bernal realiza un relato de ficción y aprovecha el contexto de la obra para hacer una crítica política y social, pues cuando la obra salió publicada, Rafael Bernal tenía 32 años de edad y el mundo acababa de presenciar la masacre de la segunda guerra mundial. En ese difícil ambiente era normal esperar una obra con un fuerte pesimismo, sin embargo, al ser Bernal un escritor de fe, la obra Su nombre era muerte, también se convirtió en una novela teológica, con la finalidad fundamental de presentarnos a Dios y el amor, como el camino hacia la libertad e igualdad.

La historia del relato inicia con un personaje al borde de la muerte: “Tal vez ya mi trabajo resulte inútil y sea demasiado tarde para empezar estas memorias; la muerte me rodea y no sé cuánto tiempo me quede.” El personaje central de la historia era un hombre de 49 años de edad quien odiaba a los hombres, había soñado con ser un gran escritor, pero el mundo lleno de envidia, maldad, egoísmo, incomprensión, lo había convertido en un misántropo, por ello llegó a expresar: “La maldad de los hombres y el asco que me producía su contacto me arrojaron de las grandes ciudades, rumbo a las orillas de la civilización, hasta llegar a Chiapas.”

El nombre del personaje central es Antonio, odiando a los hombres decidió alejarse del mundo y vivir en la selva: “Vagué cinco años por la selva del Usumacinta. Allí conocí a Pajarito Amarillo y a Mapache Nocturno, dos venerables jefes de tribu, grandes sacerdotes de no sé qué dioses olvidados ya, los únicos amigos verdaderos que he tenido.” La historia se va desarrollando en un ambiente puramente selvático. Antonio vivía en absoluta soledad acompañado solamente por el aguardiente, poco a poco se fue haciendo amigo de las dos tribus, pero de manera especial amigo de “Pajarito Amarillo”.

Con el transcurso de los días el hombre blanco en medio de la tribu, se convirtió en un Dios para ellos, los curaba, les daba consejos, y ellos le pusieron el nombre con el que aparecerá en toda la historia de la novela que es “Tecolote Sabio”. Una vez que dejó el alcoholismo, “Tecolote Sabio” no tenía que preocuparse por nada, porque los de la tribu lo mantenían, fue así como dedicó gran parte de su tiempo a investigar sobre el lenguaje de los moscos.

Llegó el momento que “Tecolote Sabio” a través de una flauta que le hizo Florentino, quien era hijo de “Mapache Nocturno”, podía comunicarse con los moscos. Al inicio “Tecolote Sabio” tenía el proyecto de que los moscos llegaran a un acuerdo de paz con los hombres, lo primero que logró, fue que a él ya no lo picaran. Empezó a conocer la organización política y social de los moscos y resultó un Estado totalitario, rígido, sociedad plenamente estratificada, con existencia anterior al hombre, sin un Dios en su corazón, sin igualdad, donde la voluntad del Consejo Superior era la ley máxima y quien se atrevía a pensar y oponerse a sus disposiciones, inmediatamente moría.

Con el conocimiento de la organización mosquil se fue haciendo más fuerte la amistad entre los moscos y “Tecolote Sabio”. El consejo Superior mosquil tenía un propósito central que era la dominación de los hombres, cuando le manifestaron el plan a “Tecolote Sabio”, éste por supuesto que aceptó el reto: “¡Aquí estaba mi oportunidad! ¡Yo podría ser el más grande de los hombres y en forma tal que no me olvidaran como siempre olvidan a sus grandes hombres! ¡Que me importaba que mi reino fuera sobre esclavos! Sería yo el más poderoso y me venganza sería completa, perfecta.”

Mientras el Consejo Supremo mosquil y “Tecolote Sabio” organizaban la táctica de guerra mediante la cual dominarían y esclavizarían a los hombres de todo el mundo, el Gobierno del Estado envío a un grupo de Antropólogos para que investigaran la cultura de los lacandones y ver si existían las condiciones para poder civilizar a esa raza. El grupo de los investigadores iba dirigido por el científico Wassell, y entre sus acompañantes se encontraba una hermosa mujer llamada Johnes.

La historia es bastante amplia, “Tecolote Sabio” sigue con el proyecto de dominar al mundo a través de los moscos y estos buscan la destrucción del género humano. Cuando “Tecolote Sabio” empezó a convivir con los investigadores y particularmente con la señorita Johnes, terminó enamorado de ella, esto venía a cambiar los planes, el sentimiento de ambición por el poder, la dominación, la venganza, el odio, habían cambiado: “Pero el odio y el amor no pueden vivir juntos, el uno destruye al otro; y en mi alma triunfó el amor.” Quién triunfará ¿El amor o el odio, el bien o el mal?

Mi estimado lector, leer la novela Su nombre era muerte, es un verdadero disfrute, la temática es bastante amplia y de interpretaciones diversas, pero hay un punto esencial que nos quiere transmitir al autor y es el concepto cristiano de la igualdad de los hombres por ser todos hijos de Dios. Rafael Bernal a través de las reflexiones de “Tecolote Sabio” nos presenta su visión para hacer este mundo más humano: “Nunca los hombres serán verdaderamente esclavos mientras crean en Dios –le repuse–. Él es el principio más firme de la libertad, y no es tan fácil el quitarles esa creencia. Los hombres sin Dios serían una presa fácil para nosotros, los hombres como yo, que por eso fui una presa fácil para todos los vicios y para las desventuras, que por eso me entregué a la amargura y al odio.”

Finalmente, cualquiera que sea su Dios es respetable, pero de ninguna manera se comprenderá, que en nombre de Dios, se promueva la barbarie como apenas sucedió en Francia, Dios en cualquier fe, debe ser motivo de concordia y paz.

Contacto: miguel_naranjo@nullhotmail.com