Por Luis Gerardo Martínez García
27 de enero de 2015

Renuncio a creer que todo siga igual
a la injusticia a la pobreza a la desigualdad al abandono
A pensar que nada cambiará
aún con las protestas y adversidades
Que la esperanza sea un espejismo
a justificar la corrupción y la impunidad renuncio

Renuncio a la manta que grita seguridad
al puente que sirve para encumbrar la maldad
al silencio del estudiante y su apatía mordaz
A creer que la niñez no lleva lápiz sino fusil
también renuncio a la política de usos perversos
a no pronunciar la última letra del abecedario
por los temores que en su sonido encierra

Renuncio a la negación que en absurdo
se colocó a muchas palabras sublevando
su sin sentido inseguridad insensatez injusticia
impensable inviable invisible renuncio
Renuncio a pensar cada puerta cada ventana
encadenadas prohibiendo la entrada, y también la salida
Renuncio a ese parque enrejado
esa escuela sellada
esa juventud enclaustrada

Renuncio al no respirar las calles
a perder lo público de los espacios
A contar las horas en que acabe la pesadilla
renuncio a que el escritor calle
y el periodista huya
Y que las noches sean acompañadas de sirenas
disparos gritos y otra vez silencio y más silencio
renuncio

A que el dueño del dinero abundante se inunde
de deseos esclavizantes con disfraz de éxito
A que la yerba crezca cruzando fronteras matando gentes
A que la ambición se anticipe al anhelo
de esos y aquellos que quieren
Renuncio a lo fugaz que nos hace ser ahora
lo que no somos y, tal vez, no queramos

Renuncio a irnos sin despedirnos
sin leernos, sin vernos, sin oírnos
Al ruido ensordecedor en que viven aquellos
esos que sólo escuchan el sonar del dinero
producto de lo turbio, que le da para estar sin vivir
Sin existir renuncian a la dignidad corriendo las prisas
de una vida con rumbo, sin meta.

Renuncio a la posibilidad de censurar
la poesía, la filosofía, la música, la pintura
Callar al académico, al periodista, al campesino, al indígena
renuncio por el simple hecho de que la palabra es el otro sentido del ser
porque la palabra puede decirse o callarse, pero por voluntad propia
Renuncio a olvidar al sordo sus creencias y tradiciones
su haceres y desaciertos.
A la rutina renuncio la que ahoga cohibe enmudece

Renuncio a la velocidad extrema de las redes
al chisme (que no a la mentira) no a la ciencia
A lo torcido de las políticas de algunos políticos
que dan rienda suelta a la avaricia con sabor a gloria dicen
renuncio a ignorar la noche y a no apapachar el día
a mojar la lluvia y asolear el viento

Al punto la coma el acento el guión
renuncio a la exclamación la interrogación
cómplice en la confusión y la interpretación
Renuncio a una sola interpretación
A dejar de escribir

Renuncio a todo menos al arte de vivir