En El Economista, el analista de temas económicos, Enrique Campos Suárez, describe las razones estratégicas de importar crudo ligero de los Estados Unidos y a la vez expone la triste realidad sobre nuestra “soberanía estratégica” de la que tanto presumimos en los años en los que el petróleo era “nuestro”. “¿qué hay de malo en importar petróleo? El problema no es que México pretenda comprar petróleo de Estados Unidos, el verdadero tema es que Estados Unidos lo quiera vender. Los hidrocarburos son esa materia prima que por su abundancia histórica son el principal producto de exportación hasta hoy y aportan la tercera parte de los ingresos públicos. La importancia del petróleo es económica y no se trata de una identidad nacional. La verdadera carencia nacional se da en la refinación y lo peligrosos es que la reserva de gasolinas es de apenas tres días en el país. Energéticos y alimentos son asuntos de seguridad nacional. Es tan delicado el asunto de la falta de refinación interna, que Pemex tuvo que invertir en el extranjero en una refinería ubicada en Texas, donde genera empleos y paga impuestos. Importar 100,000 barriles de petróleo no debería tener ninguna implicación negativa si eso va a permitir la poca capacidad de refinación que tiene México. Hay que aprovechar los precios bajos y llenar nuestros tanques de almacenamiento a lo más posible. De por sí tenemos poca capacidad de almacenaje. Hay que recordar que más de la mitad del tanque de nuestros autos se surte de combustibles importados”.