En el Sistema Político Mexicano cuando un senador de oposición discrepa públicamente del gobernador de su estado es un signo característico de la democracia, diferencias en la pluralidad, tal como cuando el senador Fernando Yunes Márquez expresa su inconformidad con la conducción política que lleva el estado. Pero cuando dos senadores del mismo partido político al que pertenece el gobernador del Estado manifiestan públicamente su rechazo a medidas tomadas por el gobierno de su Estado, coincidiendo con su par de la oposición, entonces se significa una señal indiscutible de que algo no anda bien y que requiere ser atendido antes de que se agrave el diagnóstico. Esto que está ocurriendo en el Estado de Veracruz es inédito, interesante para el investigador de asuntos políticos, registrable para el historiador; pero preocupante para quienes llevan el pulso del país y de la entidad. Y más debiera ser para el gobernador y sus asesores, porque si los senadores José Yunes Zorrilla, Héctor Yunes Landa, del PRI, y Fernando Yunes Márquez, del PAN, veracruzanos los tres, expresan una opinión contraria a las medidas tomadas por el gobernador, esa disonancia no debiera pasarse por alto.