En el marco de la comida de Alianza Generacional celebrada en la ciudad de Veracruz, los senadores Héctor Yunes Landa y José Yunes Zorrilla expresaron una vez más su inconformidad contra el proyecto de una gubernatura de dos años, y fueron más allá con el anuncio de un pacto entre ambos al asegurar que van por una gubernatura de ocho años, es decir, uno de ellos irá por la de dos y el otro por la de seis. Desde el CEN del PRI este evento debió generar preocupación pues una escisión-que no ruptura- a su interior en una entidad de la importancia de Veracruz enciende los focos rojos. Porque se trata de dos senadores combativos, de dos cuadros de partido con elevada capacidad de convocatoria electoral y política nada despreciable. Por otro lado, desde el gobierno veracruzano, si es que se tiene conciencia de lo que implica ese pronunciamiento, debieran buscar la conciliación y llamar a la unidad, aunque se antoja difícil porque el pronunciamiento fue certero y muy directo: “La idea es cerrar el paso a quienes ven a Veracruz como un botín político, pero sobretodo económico”… “No es posible que en sólo diez años, el presupuesto estatal se haya disparado de 43 mil millones a 100 mil millones de pesos anuales, pero el Estado siga quebrado, a la quiebra financiera le haya seguido la quiebra política”.

El evento expresa una escisión en el PRI veracruzano, aunque preocupante, no significa ruptura similar a la de 1986, cuando Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo encabezaron la “Corriente Democrática”. Aquella experiencia debe servir para no cometer los mismos errores que llevaron a la conflictiva elección presidencial de 1988. De la Madrid, un presidente de perfil tecnócrata, no entendió el fenómeno, pero tampoco el “político político” De la Vega Domínguez, presidente del CEN del PRI, quien decidió autoritariamente la expulsión de los “críticos” y el resultado fue fatal. Es lugar común, pero no está de más recordarlo: “La historia se repite”, “Quien no conoce la historia está condenado a repetirla”.