La Sonata a Kreutzer
Por José Miguel Naranjo Ramírez

“–El verdadero amor… cuando existe ese amor entre un hombre y una mujer, el matrimonio se hace posible– exclamó. –Sí. Pero, ¿qué debe entenderse por verdadero amor? –insistió el hombre de los ojos brillantes, sonriendo tímidamente.”

El dialogo antes transcrito es el punto de partida para conocer y comprender unas de las grandes novelas escritas por León Tolstoi (1828–1910), titulada La Sonata a Kreutzer, publicada en el año de (1888).

En La Sonata a Kreutzer, el lector no sólo se encontrará con una novela magistral, la cual aborda temas esenciales como el amor, los celos, la infidelidad, la ética social, el papel de la ciencia en la sociedad, y muchos temas más. Además, en la obra se podrán conocer muchos elementos autobiográficos de Tolstoi. Sobre este punto el maestro José E. Iturriaga señaló: “Una de las novelas que acaso se hallan más preñadas de autobiografía es La Sonata a Kreutzer, a través de cuyas páginas puede advertirse todo el carácter complicado de Tolstoi, su infinita capacidad de amor y celos y una zozobra espiritual que acaba por conducirlo a una crisis mental semejante a la padecida por el protagonista de la Sonata.” (Consultar: Los Clásicos, Dostoiewsky y Tolstoi, Estudio Preliminar por José E. Iturriaga, Editorial Grolier)

La historia completa de La Sonata a Kreutzer, se desarrolla en un viaje de tren y es narrada en primera persona. El personaje central se llama Posdnichev, quien después de ciertas argumentaciones con varios pasajeros sobre el amor, el matrimonio, el divorcio, la igualdad del hombre y la mujer, etc. le cuenta la historia de su pasada vida matrimonial a uno de los recién conocidos compañeros de viaje.

“–Si no me equivoco, creo que ha adivinado usted quién soy –dijo el señor canoso, muy suavemente. –No, no he tenido ese gusto. –El gusto no es muy grande. Yo soy Posdnichev, el mismo al que le ha sucedido el episodio crítico aludido por usted, el episodio de haber matado a su mujer –dijo echándonos una mirada a cada uno de nosotros.”

Realizada esta dura declaración sobre el trágico final de su matrimonio, Posdnichev relata toda la historia de lo que al principio fue aparentemente amor y luego se convirtió en una vida invivible e insoportable: “–Bueno. Así vivíamos. Nuestras relaciones tornábanse cada vez más hostiles, y llegábamos a ese periodo en que no era ya preciso el disentimiento para la hostilidad, porque la hostilidad se encargaba de provocar el disentimiento; ya podía decir mi mujer lo que quisiese; yo era de antemano de la opinión contraria, y ella lo mismo.

Teníamos nuestras escaramuzas a propósito del café, del mantel, del coche, de los juegos de cartas, en fin, lo que se llaman fruslerías, que ninguna importancia podían tener ni para el uno ni para el otro. Por mi parte, sentía hervir continuamente en mi interior una execración terrible. Miraba su manera de echar el té, de columpiar el pie, de llevarse la cuchara a la boca, de soplar o sorber los líquidos calientes, y la detestaba precisamente por ello, como si fuera una mala acción.”

Entre más pasaba el tiempo más complicada era la relación matrimonial, pronto llegaron los hijos, quienes con el transcurso de los años se convirtieron en testigos de los fuertes pleitos entre sus padres. Posdnichev manifestó que los pocos momentos donde había reconciliación era en los mementos sexuales, pero una vez satisfechos, todo volvía a la normalidad, es decir, a las humillaciones, gritos, reproches, y odio.

Para Posdnichev todos los matrimonios son así, porque absolutamente todos están cimentados solo en el sexo, en el deseo carnal, y una vez satisfecho el deseo, inmediatamente viene la realidad amarga. Por lo antes señalado, es que Posdnichev le preguntaba a una de las pasajeras le dijera ¿Qué era el verdadero amor?, a lo que ella contestó: “–¿Cómo? Es muy sencillo. El amor… El amor… es la preferencia exclusiva de una persona a todas las demás.”

Si la definición antes hecha por la señora, fuera el amor, que fácil sería todo, el matrimonio sería tan sencillo como amar a nuestras mascotas, porque también a ellas las elegimos por encima de las demás, pero la realidad es todo lo contario.

Posdnichev sigue narrando su complicada vida matrimonial, en ese ambiente de hostilidad, de desamor, apareció un señor llamado Trujachevski, quien era un antiguo conocido de Posdnichev. Reactivaron su amistad, el antiguo conocido era un amante de la música al igual que la esposa de Posdnichev, y llegó el momento que en las comidas familiares Trujachevski y la esposa de Posdnichev, tocaban juntos, como lo hicieron en una ocasión tocando “la Sonata para violín y piano N. 9” compuesta por Ludwig Van Beethoven, mayormente conocida como La Sonata a Kreutzer.

La historia completa la podrá leer usted, y aunque ya sabe el trágico final del matrimonio entre Posdnichev y su esposa, eso no le resta importancia a la lectura, porque la pequeña novela de Tolstoi, además de tener elementos autobiográficos, es una verdadera radiografía de la sociedad que hemos construido.

A estas alturas de la presente columna, alguien podría tener la duda si Tolstoi asesinó a su mujer llamada Sofía Andreievna, por supuesto que la respuesta es no. Tolstoi es de los más grandes escritores que tiene la humanidad, sin embargo, parte de lo narrado si existió, incluyendo el famoso músico especialista en Beethoven, solo que en la novela se llama Trujachevski y en la vida real se llamó Tanieiev.

Finalmente, quiero comentar que para algunos musicólogos, La Sonata a Kreutzer, es la Sonata perfecta de Beethoven, porque ninguno de los dos instrumentos eclipsa al otro, siempre van de la mano, y el final termina en un concierto. Mi estimado lector, mi interpretación de La Sonata a Kreutzer, es que así debería ser el amor y el matrimonio, un crecimiento mutuo y no una lucha de poder, si fuera así, todo terminaría en un concierto de amor.

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