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El año 2014 fue nefasto para la aviación asiática y 2015 no ha empezado mucho mejor. Al menos 23 personas han muerto y 20 permanecen desaparecidas al estrellarse un avión de las líneas aéreas taiwanesas TransAsia sobre el río Keelung, en Taipei, poco después de despegar del aeropuerto de esa capital. El aparato, un ATR72-600 con capacidad para 70 personas, transportaba hacia la isla de Kinmen cinco tripulantes y 53 pasajeros, entre ellos 31 turistas de la China continental.

Es el quinto incidente de gravedad en 10 meses en un sector que ha registrado un fuerte crecimiento en la región, que sumará 100 millones de nuevos pasajeros anuales en las próximas dos décadas y que ha obligado a las líneas aéreas a adaptarse a marchas forzadas a sus nuevas mayores dimensiones. Un fenómeno similar ha ocurrido también en África y América Latina, regiones de economías emergentes que asimismo han visto crecer su tráfico aéreo y que también han sufrido siniestros a lo largo de la última década.

El accidente ocurrió poco antes de las 11.00 horas locales (0.00 hora peninsular española). El piloto aún tuvo tiempo de avisar por radio a la torre de control de que se estaba produciendo una emergencia por un fallo en el suministro de combustible a uno de los motores cuando se precipitó sobre un puente elevado y acabó cayendo a las aguas del Keelung.

Las sobrecogedoras imágenes captadas por un motorista, y que han dado ya la vuelta al mundo, muestran cómo el avión por muy poco no choca contra un edificio y se precipita contra el puente antes de caer sobre el río. Dos ocupantes de un taxi que fue golpeado por una de las alas del avión resultaron heridos.

El presidente de la compañía aérea, Chen Xinde, expresó en una rueda de prensa sus “más sinceras excusas” por el accidente. Su compañía, fundada en 1951, se encuentra ahora en el punto de mira: es su segundo siniestro en siete meses. En julio pasado 48 personas murieron cuando otro ATR72 procedente de Taipei se estrelló en la localidad de Makung, en la isla de Penghu, cuando intentaba aterrizar en medio de los coletazos del tifón Matmo.

El piloto y experto aeronáutico Chuck Yen, comentarista de la televisión taiwanesa, opina que “es inusual en el sector que la misma aerolínea sufra dos accidentes consecutivos en medio año” y recuerda que tras el accidente de Makung “no se han llevado a cabo reformas verdaderas dentro de esa compañía aérea, no se han pedido responsabilidades a ningún ejecutivo”. Aunque la investigación sigue abierta, un informe preliminar apunta a que el piloto volaba por debajo de la altitud permitida, apunta Yen.

Por el momento ya se han localizado las cajas negras del aparato, que se pondrán a disposición de la Comisión de Investigación sobre Seguridad Aérea taiwanesa. El avión había entrado en servicio apenas 10 meses atrás y había pasado su última revisión el 26 de enero. Había cubierto 1.624 horas de vuelo.

Año negro de la aviación asiática

El nuevo accidente ocurre tras un 2014 que se convirtió en un año negro para la aviación asiática, en el que cuatro graves incidentes sumaron 747 muertos. El 8 de marzo de ese año desaparecía, con 239 personas a bordo, el vuelo MH370 de las líneas aéreas Malaysia Airlines cuando cubría la ruta entre Kuala Lumpur y Pekín. La compañía declaró finalmente la semana pasada lo ocurrido “un accidente”, tras 10 meses de búsqueda de los restos del avión sin resultados.

En julio, al accidente de TransAsia se sumaba el derribo del avión MH17 cuando sobrevolaba Ucrania durante el trayecto Amsterdam-Kuala Lumpur. Murieron 298 personas. El 26 de diciembre caía al mar de Java un avión de la línea AirAsia que había partido de Surabaya, en Indonesia, y volaba hacia Singapur, en una tragedia en la que perdieron la vida 162 personas.

Yen atribuye la mala racha al vertiginoso crecimiento de la industria aeronáutica en Asia, que ha convertido en el principal mercado del sector y que ha visto subir su número de pasajeros cerca de un 66% en cinco años, para totalizar el 33 % del tráfico mundial. Este crecimiento “ha motivado una carencia de pilotos experimentados”, a juicio del experto. Los dos pilotos a los mandos en el avión accidentado hoy, considera, no “eran lo suficientemente expertos”. El capitán, de 42 años, acumulaba según la Autoridad de Aviación Civil 4.914 horas de vuelo, de las que 3.400 correspondían al ATR. Su copiloto había cubierto 6.922, de las que 6.500 habían ocurrido a los mandos de este modelo de aparato. También había un tercer piloto que sumaba 16.000 horas y que sí era “un verdadero veterano”, en opinión de Yen.

En un informe divulgado el año pasado, el gigante aeronáutico Boeing calculaba que para 2033 Asia Pacífico acaparará el 48% del tráfico aéreo mundial. Para hacer frente a la demanda, Asia triplicará su flota y necesitará 216.000 nuevos pilotos a lo largo de esas dos décadas, frente a los 94.000 pilotos que requerirá Europa.

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