Por Silvia Núñez Hernández
18 de febrero del 2015

En un comunicado enviado por parte de la Embajada de Estados Unidos a cargo de Anthony Wayne –quien recientemente visitó el puerto de Veracruz y se interesó en conocer el grado de inseguridad que se encuentra el estado– condenó las agresiones en contra de los medios de comunicación en México y en Tamaulipas, acto dijo pone en manifiesto un literal ataque contra los valores democráticos compartidos.

“Cuando el crimen u otros actores amenazan a los medios, los periodistas dejan de reportar o disminuyen la intensidad de sus artículos y omiten detalles (…) Las fuentes de información dejan de ayudar a los reporteros (…) Los editores dudan con respecto a publicar las notas que detallan los crímenes y a los involucrados, ya sea que los periodistas se vean obligados a cooperar con el crimen organizado o bien sean sujetos de represalias, todas nuestras sociedades sufren del vacío informativo que resulta de la intimidación en contra de los medios” aludió.

Absolutamente de acuerdo con el diplomático estadounidense al referirse que el ataque a un periodista, fotoperiodista o a un medio de comunicación de parte de quienes gobiernan nuestro país, los estados y los municipios, trasgrede también el derecho de la sociedad misma de estar informados con hechos verdaderos e inéditos.

En su comunicado, el embajador de Estados Unidos nuevamente puntualizó sobre la reunión que mantuvo en el estado de Veracruz con periodistas y posteriormente con el gobernante en turno para detallar sobre la necesidad que se debe de mantener a la libertad de expresión, la cual argumentó, es uno de los pilares de la democracia y una prioridad del gobierno de Estados Unidos.

Pero más tardó Anthony Wayne en marcharse del estado –día en el cuál se registró una balacera a unas cuadras del plantel educativo que visitó y donde se reportó una persona, supuestamente del hampa, muerta– que la campaña tanto de los periodistas oficiales como de los “tradicionales” correos electrónicos enviados desde las oficinas del gobierno del estado a los email de los periodistas y redacciones, aludían sobre un supuesto “espaldarazo” que el diplomático le hizo al gobernador del estado, Javier Duarte de Ochoa. Cuando su discurso fue literalmente en el sentido de expresar al ejecutivo sobre la necesidad de respetar el derecho de la información como también la integridad de los periodistas.

En fin, es entendible que sólo quieran escuchar lo que les interesa, pero el problema es lo hacen de manera errónea, cuando el mensaje es absolutamente lo contrario. Es entendible, no cualquier ser humano tiene la habilidad de compresión adecuada y menos cuando no se cuenta con la capacidad de ilustración necesaria.

 

¿Bermúdez haciendo su agosto en Carnaval?

 

El “des–concierto” de la ciudadanía tanto local como turística fue total, derivado de la suspensión del concierto masivo de Luis Miguel en el Carnaval 2015. Las causas para todos injustificables, puesto que han existido artistas de la talla internacional de ese cantante que han realizado sus conciertos en tiempo y hasta con rachas más fuertes de los vientos del norte acompañada de torrenciales lluvias.

Las redes sociales no pararon en criticar la postura del gobierno duartista y hasta aludieron sobre la incredulidad de haber contratado a ese señor para el cierre de la fiesta más importante y única del municipio de Veracruz. La causa: argumentaban sobre incapacidad monetaria del gobierno de Javier Duarte de Ochoa para pagar a este tipo de artistas de talla internacional, cuando ni siquiera les han pagado a las personas que laboraron en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2014 (JCC) ni a los empresarios veracruzanos que prestaron sus servicios en la justa deportiva. Por citar algunos adeudos, pues la lista es muy larga.

Sabemos que muchos boletineros “a modo” nos tildarán de pesimistas, pero desafortunadamente, este importante evento siempre se verá manchado por la incapacidad demostrada por parte del secretario de Seguridad Pública (SSP), Arturo Bermúdez Zurita quien manifiesta su desinterés para realmente brindar la protección requerida a los veracruzanos en esta tradicional fiesta –aunque podemos aludir que su obligación es ofrecer resultados en los 365 días del año–. La delincuencia tuvo la facilidad de realizar nuevamente las vilezas de asaltar a los ojos de todo el mundo – pese al supuesto operativo de seguridad implementando por el titular de la SSP–. Los policías estatales y Fuerza Civil, sólo se mantuvieron como espectadores ante el atraco que estos pueriles sujetos ejecutaron en contra de las personas que se atrevieron a asistir a dichos paseos.

De qué sirvió su absurda “Fuerza Civil” si estos, cuando una persona que había sido asaltada les pedían ayuda, literalmente se burlaban y les decían que para que asistían a los paseos del Carnaval si ya saben que los iban a asaltar. Es realmente indignante, soez y vulgar que tipejos que son pagados con el dinero de los veracruzanos sólo sirvan de “macetas de corredor” y ante una situación adversa, vivida por un ciudadano, preferían amenazar a la víctima(s) con llevarlos a la cárcel luego de que estos impulsados por la impotencia e indignación que derivada de su estúpida respuesta, les decían ineptos y corruptos.

Otra situación que aludieron las personas golpeadas y sobajadas por los delincuentes es la actitud tanto por la incompetente Fuerza Civil y la Policía Estatal a cargo de Bermúdez Zurita, fue que estos argumentaban que para poder denunciar ante el Ministerio Público –quienes igualmente se portaron pueriles y zánganos– tenían que conocer el nombre completo del o los delincuentes que los asaltaron. Sí claro, ahora amable lector, tendrán que antes de ser víctima de un atraco por parte de la delincuencia que cómodamente trabaja en todo lo largo y ancho del estado de Veracruz con la anuencia de las corporaciones policíacas, les tienen primero que solicitar su credencial de elector y apuntar su nombre completo y dirección, luego tomarle una foto para posteriormente proceder a cooperar pacíficamente al asalto.

Otra cuestión en el tema que también es gravísimo; fue la denuncia de muchos ciudadanos que argumentaron que algunos “delincuentes sin uniforme” fueron detenidos por parte de la policía y llevados al parque Zamora. Ahí la gente les solicitó expusieran las pertenencias confiscadas y posteriormente bajo la identificación de las mismas, podía hacer el señalamiento en contra de él o los delincuentes que los habían agredido. La negativa fue rotunda: “¡Cómo cree! Si hacemos eso nos metemos en un problema, pues son las pertenencias de las personas detenidas” justificaban estos. Es decir, protegían los objetos robados porque supuestamente transgredían el derecho de los delincuentes. Inaudito.

 

Mi pregunta:

 

¿A caso nos creerán tan “pensantes” como para creerles que se las devuelven a la “rata” detenida a la cual dejan libre en 36 horas supuestamente con las pertenencias robadas, por no existir denuncias en su contra? Por supuesto que no le creemos. Sabemos que ese “tesoro” se lo roba también la policía y no dudamos que sean trasladados a alguna oficina de un “alto” funcionario para que ahí dichos objetos sean “resguardadas” para el uso exclusivo o venta posterior de ese servidor público.

Con esto se demuestra sobre el grado de inseguridad latente en todo el estado. Aquí lo vimos y padecieron localmente muchas personas que se trasladaron a disfrutar de la supuesta fiesta familiar –que ya no tiene nada de ello–, evento, donde la función de los cuerpos policíacos, es garantizar la tranquilidad tanto de los visitantes como locales con a los actos delictivos ejecutados por el hampa incrustada en el estado. Su actitud deja mucho que desear, pues no hicieron ni el intento de meterse cuando una persona era asaltada por los grupos conformados hasta por 25 delincuentes.

El problema amable lector es que no entendimos el mensaje de Arturo Bermúdez que realizó el 11 de febrero en su cuenta de Facebook en donde dijo: “Mis compañeros policía y yo trabajaremos para que el Carnaval de Veracruz sea el más seguro de la historia”. No razonamos realmente el verdadero mensaje, pues la “seguridad” era para los vulgares delincuentes y eso de “seguro”, se refería a que indudablemente nadie se escaparía de ser asaltado, golpeado y hasta lastimado con arma blanca por parte de los malhechores a sueldo.

 

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